Alex – Blake – Hunter

Orgullosos de haber sido expulsados un trimestre entero

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Paqui, Asun y Conchi, orgulladas* de ser cajeras o Dirty Dancing III: Cancun Nights

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Es oficial. Estamos de vuelta. Durante estas semanas de ausencia nos han pasado multitud de cosas que intentaremos resumir y así volver a convertir esto en la sucesión de anécdotas amarillistas que nos ha valido ganar el Candy Spelling’s Blow Job Award. Y empezaremos por Alexandra.

En junio, Alexandra y su madre, Erica, se fueron a Cancún a reencontrarse como madre e hija. En el avión, Erica le dijo a Alexandra que en México iban a decir a los mexicanitos que eran amigas y que estaban de viaje de fin de carrera. Alexandra corrió pronta a quitarle los botellines de tintorro porque sospechaba que ese era sólo el comienzo de una sarta de estupideces. Y así lo fue, en efecto.

En Cancún se hospedaron en un resort de luxor repleto de turistas españoles. Como ya sabemos (y sino, ya lo sabéis ahora) Erica odia a los españoles y a España. Vivió muchos años en Madrid, pero nunca se aclimató al país y siempre dice que en España debieron quedarse en la época en la que Ava Gardner se tiraba a los camareros del Chicote. Que España tenía menos aires de grandeza y sabía qué lugar ocupaba en el orden mundial: el de proveedora oficial de sol, sangría y ardientes mozos de tez agitanada y una única ceja. Total, el ver a tanto español le irritó un montón. Y más todavía cuando la mayoría eran ruidosas familias chonis. Según cuenta Alexandra, Erica tuvo que ser atendida en el hospital más cercano porque en uno de los múltiples buffetes del resort se las tuvo con un señora llamada Paqui. Paqui de Dos Hermanas, ni más ni menos. La riña empezó cuando las hijas de Paqui empezaron a jugar con el maki en el buffete japonés como si fuesen cubos de Lego y Erica les espetó algo en inglés (aunque habla español perfectamente). Paqui vio que una señora muy bronceada en pareo y perlas le estaba gritando a sus hijas y se fue como una bestia parda hacia ella. Erica se hizo como que no sabía español y así poder escaquearse, pero cuando las hermanas de Paqui, Asun y Conchi, se apuntaron y empezaron a llamarla ‘pija americana’ y ‘vete con Victoria Beckham, puta’, Erica no pudo más y ‘aprendió’ español de golpe. Llamo a Paqui, Asun y Conchi, ‘cajeras del Lidl que compran la ropa a peso en Pekin Fashion’. Las tres, que parece ser que eran cajeras de verdad (pero del Alcampo), sacaron su complejo de clase y lo transfomaron en hostias van y vienen. Tuvieron que ser separadas por las familias allí congregadas mientras una pareja de gays cincuentones de Barcelona grababan con la cámara el show. Yo ya he puesto en Youtube ‘Las chonis contra la pija americana’, pero no sale nada todavía.

Los siguientes días fueron un poco tensos porque siempre que Erica y Paqui se cruzaban en el hall o en la piscina sonaba música de película del Oeste. Al final, Paqui se volvió al Alcampo, pero Erica seguía dispuesta a ridiculizar a su hija. El hotel contaba con un par de profesores de baile, Armando y Junior, que cada noche daban clases de baile (entre ellos la Macarena). Una noche, Erica se bebió hasta el agua de la piscina y se presentó en la pista de baile cogorza perdida diciendo: ‘Soy Baby, soy Baby, Patrick Swayze, cógeme, cógeme’. Al principio todos se reían de la borracha, pero cuando se subió encima de una mesa y se lanzó al aire como la protagonista al final de ‘Dirty Dancing’ empezaron a preocuparse. Erica sobrevivió al dirtydancingnazo, pero entre las hostias de Paqui y su intento de emular a Jennifer Grey, se pasó dos días en la habitación a base de calmantes (y ginebra para hacerlos bajar).

Alexandra ya estaba harta de su madre y se las tuvo con ella. Se suponía que el viaje iba a ser como cuando Erica llevaba a Alexandra de niña a Disneyworld (Alexandra estaba enganchada a Disneyworld de niña) y se estaba convirtiendo en una gala de Gran Hermano meets El Semáforo. Erica le prometió que iba a comportarse a partir de ahora. Y, durante un par de días, así fue. Las dos se lo pasaron chupi yendo de excursión, visitando pirámides, bañándose en la playa, haciéndose fotos con monos carteristas (un mono le robó el monedero a Alexandra), tomando el sol en la cubierta de un barco… Claro, algo tenía que salir mal. Y salió.

El penúltimo día del viaje, Alexandra salió por la noche a tomar unas copas con una pareja de lesbianas alemanas que había conocido durante los juegos que organizaban los animadores del hotel. Las dos lesbianas, Frida y Norma, habían ganado en todas las competiciones a todo el mundo. Incluso un grupo de garrulos de Valencia habían intentado ganarles en ese absurdo juego de tirar de la cuerda, pero las dos walkirias les hicieron morder el polvo (o la arena de la playa para el caso). Pero, a parte de burras, las dos lesbianas eran simpatiquísimas y Alexandra hizo buenas migas con ellas. Le pregunté que si se la quisieron trajinar y, muy ofendida, me dijo que las lesbianas no son como los gays, que siempre estamos buscando algo para follar. Más tarde me confesó que sí, que Frida le había preguntado que si le gustaban los chichis depilados o sin depilar. Y que si era lo último, ella tenía la selva negra entera entre sus piernas.

Después de dejar a las teutonas, Alexandra subió a su habitación. Cual fue su sorpresa cuando vio el cartel de ‘Do not disturb’. Pensó que Erica estaría haciéndose su beauty routine y no quería ser molestada (la última vez que alguien la vio en mitad de una beauty routine, sin maquillaje y demás, esa persona se volvió de piedra). Aún y así entró, porque una hija quiere a su madre con o sin maquillaje. Alexandra se equivocó. Su madre no estaba quitándose los pelos del bigote, se estaba trabajando a Armando y a Junior. A los dos a la vez mientras les decía ‘Ahora sí, ahora voy a saltar encima tuyo’.

Al día siguiente, cuando Erica se recuperó de la borrachera mezclada con pastillas y recordó lo que había hecho (más que nada porque Armando y Junior aún seguían en la cama roncando) empezó a sentirse super culpable y se pasó lo que quedaba de viaje como alma en pena con el móvil encima dudando de si contárselo o no a su novio ruso Arkadiy. Al final lo hizo. Obviamente Arkadiy cortó con ella y Erica casi se nos suicida tirándose por el balcón. Alexandra la rescató de la muerte y se pasó el último día consolando a su madre.

Alexandra me confesó que, de alguna extraña manera, ese último día con ella metida en la cama abrazando a su madre, que no paraba de llorar, sonárse los mocos y decir lo patética que era, fue el momento más madre e hija que había tenido en años. Parece ser que tuvo que esperar a que su madre se humillase y fuese abandonada por el amor de su vida para que ella encontrase la madre que echaba de menos.

Con este sabor agridulce en la boca, Alexandra volvió a Madrid para encontrarse con una sorpresa mayúscula: Alejo, su novio, le estaba pidiendo en matrimonio. Alexandra se quedó petrificada y no sabía que decir. Se quedó muda mientras su mente sopesaba los pros y contras del matrimonio. Pero cuando Alejo sacó un anillo con un diamante más grande que su cabeza, Alexandra supo la respuesta: sí.

Al fin y al cabo, Alexandra es hija de su madre.

Y en los próximos días, qué fue de Melissa Sue y Sergio, Hunter Fox, Kristoff, CheChé, Tránsito y su hija y mucho más.

xoxo

Blake

* Neologismo propiedad de No tengo Novia.

Escrito por blakecarradine

Septiembre 9, 2008 a 7:45 pm

Uno nunca sabe lo que pretende el Homosexual

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Hoy nos hemos topado con esta bonita historia de amor disfrazada de propaganda anti homosexual durante los años 50 en Estados Unidos. El vídeo dura un minutín y poco más y está en inglés, pero vale la pena. Aunque no entendáis lo que dicen, la historia te llega tan hondo que sobran las palabras.

Aviso: no hay final feliz.

Qué final más ambiguo, joder.

Sabemos que Homosexual se lleva al caradura de Jimmy (¿por qué no vuelve a casa a pata en lugar de esperar que los desconocidos le hagan de puto chófer?) a su apartamento de homosexual. Suben las escaleras y lo siguiente que vemos es a Homosexual subiéndose en su coche otra vez…solo. ¿Qué ha pasado con Jimmy? ¿Lo ha matado y lleva su cadáver en el maletero para enterrarlo? ¿Lo ha dejado en el apartamento duchándose? ¿Va a buscar a otro jovencito para hacer un trío? ¿Quién ha llevado a Jimmy a su casa después del polvo? ¿Sangraría?

Pero estas no son las únicas preguntas.

¿Qué le dice Homosexual a Jimmy entre que lo recoge y suben las escaleras de su apartamento? Algo muy convincente le tiene que decir para que Jimmy acepte irse con Homosexual a refregarse. ¿O será que la víctima es el doble de John Waters y Jimmy se dedica a engatusar a señores con gafas de sol, bigotillo de Ed Wood y calvos para luego robarles?

Escrito por blakecarradine

Septiembre 8, 2008 a 5:12 pm

Diamonds are a girl’s best friend

con 2 comentarios

Esas bitches de La Verdad sobre Batman y Robin nos han otorgado a nosotros (y a otros tantos) el prestigioso Premio al Esfuerzo Personal.

En un principio pensamos que se estaban riendo de nosotros porque, ya sabéis, ellos son unas bitches y nosotros poco esfuerzo personal o impersonal le estamos poniendo al blog últimamente. Pero se ve que no, que todo es muy genuino y que nos quieren.

Nosotros también los queremos. No dejéis de visitarlos. Sabemos que la mayoría de los que entráis aquí los conocéis ya, pero por si acaso, id a leerlos. Se han hecho famosos por sus odas onanistas al pipi de Ted Colunga, pero a parte de contenidos triple X tienen posts con los que te partes la caja (sí, te partes la caja, ya sabéis que nos encanta hablar como si fuésemos adolescentes de 1999).

El premio en cuestión tiene la siguiente pinta.

What the fuck es eso?!! Pensábamos que el Goya era descabellado (we mean, es una fucking cabeza cortada) y que el Oscar era una secreta apología a esa bizarra práctica sadomaso llamada momificación (we mean again, es un fucking señor recubierto de arriba a abajo de látex dorado), pero esto es un diamante gigante súper random. Hubiese aceptado un pico y una pala, por lo del esfuerzo, pero ¿un diamante? El único esfuerzo que tienes que hacer para conseguir diamantes es felar muy bien y mucho a tu marido viejo millonetis.

Anyway, las reglas del juego dicen que tenemos que entregar nosotros mismos el diamantón a siete blogs o webs que destaquen por su contenido y/o diseño. Como la mayoría de blogs que leemos ya tienen su premio, vamos a ir a por otros que también nos gustan. Después tenemos que ir a esas webs, anunciar que tienen el premio y todo ese rollo para que ellos hagan lo mismo. No vamos a ir a todas de las webs que premiamos porque no es cuestión, pero whatever, las premiamos igualmente.

1. Fuck The Busted: Sienna Miller, Jared Leto o Dakota Fanning les temen.

2. Cracked.com: La web de humor creada en 1958.

3. Musclelicious: No sabemos lo que tienen los hombres a punto de morir de un infarto de tanto esteroide que se meten que nos gustan.

4. Passive/Agressive Notes: “Querida compañera de piso, agradecería mucho que no volvieses a tocar con tus putas manos mi puta comida. ¡Gracias! Have a nice day! :-)

5. New York Social Diary: Para estar al tanto de lo que pasó en la última fiesta que dio Cassandra Van Zandt en su casa de los Hamptons en el caso de que te la perdieses.

6. El guionista hastiado: Con un guionista hastiado no se juega. Con un guionista no se juega. Period.

7. Premio desierto.

Escrito por blakecarradine

Septiembre 8, 2008 a 4:50 pm

What Happens Now?

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Sabemos que hemos estado muy ausentes estas semanas y que, probablemente, nuestros lectores nos hayan olvidado y abandonado por algún blog de chueca.com o algo peor, si es que lo hay. No importa, hemos vuelto con múltiples novedades, historias bizarras y amoralidad a tope.

La otra noche, después de contarnos las anécdotas y enseñarnos las fotos de nuestros viajes (Alex estuvo en México, yo en Miami -y New Haven- y Hunter en Canarias y Ojos Negros, un pueblo con nombre de lugar donde todo puede ocurrir y, de hecho, ocurrió) los tres nos pusimos a ver vídeos de YouTube, que es la nueva forma de ver la tele en nuestros días.

Nos encanta porque deseamos algo, chasqueamos los dedos y ahí lo tenemos. Imitando un poco a CheChé y a la loca de Crystal nos pusimos a ver todos los vídeos de aquellos hits del pasado que incluían una cutre coreografía. Nos pusimos el YouTube bien alto y empezamos a bailar desde la Macarena hasta el Saturday Night pasando por el Aserejé y demás. He de decir que estos bailes me superaban en su época y me superan aún ahora. Mira que las coreografías estaban hechas hasta para que mi madre las pudiese bailar y parecer Coco de ‘Fame’, pero yo es que parecía Marcos de ‘Fama, a bailar’. No se puede tener el chichi más descoordinado. El día en que nos dé por modelar en el pasillo de mi casa seguro que lo hago peor que Raquel de ‘Supermodelo 2007′. Eso sí, Alexandra lo hacía mejor que Las Ketchup. Y Hunter…bueno, Hunter se hartó a la altura de la jura de bandera del muchacho, se sentó en el sofá, sacó un cigarro y empezó a fumar como si fuese Bette Davis. Nos miraba mal y todo.

Por el camino nos encontramos un vídeo clip de ‘La Bola de Cristal’ de un grupo llamado Vocoder. Nos quedamos fascinados. Tanto que queremos hacer un remake, pero vedlo, vedlo.

Como podéis ver, el hit ‘WaHt Happens Now?’ (¿no había nadie en Torrespaña que supiese un poco de inglés para corregir la falta de ortografía? ¿Lolo Rico maybe? ¿Alaska? ¿Kiko Veneno? ¿La Bruja Avería?) está grabado integramente en un supermercado Hipercor. Como somos muy de fijarnos en los backgrounds, sacamos una serie de conclusiones sobre los supermercados de los ochenta. A saber:

- Eran realmente deprimentes. No sabemos si porque aún España no era un país moderno (porque no lo era), pero parecía que la experiencia de ir a comprar tenía que ser dolorosa, como cuando vuestros abuelos iban con la cartilla de racionamiento a que les diesen leche en polvo (los míos estarían en alguna granja del Midwest haciendo pastel de manzana, que sé yo). Si no no me explico esa iluminación tétrica, esas, por Dios, baldosas blancas en la pared como de morgue, esas hortalizas pintadas en la pared.

- La ciudadanía de antaño no sabía muy bien cómo reaccionar ante una cámara. No te digo yo si te pillan por la calle, que es normal que te quedes así como tonto con una cámara de televisión, pero que si ves que están grabando un vídeo clip (o lo que fuese eso) pues disimula, haz como que compras, como que miras el género, no sé, pero no te quedes como atontao en el fondo mirando. ¡Simula naturalismo, coño! El único que pareció entenderlo es el viejete que sale al principio que, un tanto impasible ante todo lo que allí estaba sucediendo, se coge sus bolsas y empieza a meter la compra sin prestarles mucha atención.

- No sabíamos que ya se vendían las verduras y la fruta en paquetes previamente precintados. Pensábamos que eso es una modernez de hace pocos años. Pues no, en las incontables escenas que suceden en la sección de fruta y verduras, podéis ver los paquetes de zanahoria. Hunter, muy sociólogo él, indicó que probablemente esa era un signo de la modernidad y el desarrollo que en España empezaba a despuntar. Sabemos que el desarrollo econónico de España empezó en los sesenta, pero no nos gustan las décadas anteriores a los ochenta. Nuestra teoría es que el mundo empezó en los ochenta y todo lo sucedido anteriormente ha sido implantado como recuerdos falsos en nuestros cerebros por un malvado y gigantesco ordenador Spectrum de esos que iban con cassette.

Después de celebrar a Vocoder en Hipercor, nos propusimos una nueva aventura: hacer un remake de ‘Waht Happens Now?’ en el 2008.

El problema es que no podemos usar el Hipercor, porque ahora es alegre, luminoso y las paredes no son de baldosas blancas. Y seguro que la gente ni nos mira, que ahora a la gente le suda el coño una cámara. Pero dimos con la solución: el Lidl.

El Lidl no es alegre. Su iluminación, depende de en que sección (mayormente en la de carne y productos frescos) es escasa. Tiene zonas superlumpen, como la parte en la que venden ropa y aparatos eléctricos. Normalmente tienen la ropa fuera de las bolsas por ahí tirada. Esto es genial porque en la grabación del videocrins (como dice mi vecina Tránsito) podemos ir avanzando en el carrito de compra mientras nos vamos probando los chándals de tactel, por ejemplo.

Después tenemos a sus cajeras latinas, que nos encantará que nos persigan gritándonos: ‘Ustedes no pueden grabar un vidéo musicalisado sin permiso, váyanse’. O, en su defecto, el guardia de seguridad correrá detrás de nosotros resoplando y sudando, con la camisa medio fuera del pantalón gritando ¡¿Quiubo, quiubo?!’. Esto vendría a sustituir a la ciudadanía que flipa en el vídeo de Vocoder.

El final del vídeo será en plena calle, al lado del container donde los del Lidl tiran la comida pasada del día. Nos encanta este momento del día porque al primer pollo que cae dentro del cubo de basura, ya hay una marabunta de pueblo llano que se tira encima de él. Estamos por proponer a toda esta gente (ancianas, hippies, locas con gatos, yonquis) que nos hagan la coreografía de fondo del vídeo, como en los musicales de la MGM cuando la cámara se eleva y nos muestra a todo el mundo en medio de la calle bailando y cantando.

Así que estad atentos, porque pronto veréis nuestro remake en el YouTube.

Y próximamente, más.

xoxo

Blake

Escrito por blakecarradine

Julio 23, 2008 a 1:21 pm

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El sótano del miedo y Milagritos la gótica

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Y seguimos con Kristoff, fuente inagotable de anécdotas hoy, ayer y siempre. Y hoy, por primera vez, hace su aparicion Lilith, la novia de Kristoff (sí, su novia).

Este domingo es el cumpleaños de Kristoff. Como todo gran evento conlleva organizar los preparativos con meses de antelación. El más importante: elegir su regalo. Pero con Kristoff no tienes que romperte la cabeza para saber qué regalarle. Él mismo elige su propio regalo por ti. Como no puede ser de otra manera, este año sólo quiere que le regalemos Barbies de colección. Cuando le dio por las action figures de superhéroes sólo aceptaba Batmans, Lobeznos paquetones o Tomentas. Si osabas regalarle una colonia te la rompía en la puta cara. Este año igual. Pero este cumpleaños ha decidido que la Barbie que le tienes (‘tienes’, palabra clave) que regalar tiene que estar relacionada contigo.

Kristoff tiene una cómplice en su locura: su novia Lilith. Lilith se llamaba María de los Milagros pero para una gótica llamarse así es una vergüenza, así que se lo cambió por Lilith. Ahora en su DNI pone Lilith Morcillo, que no suena muy terrorífico, pero qué le vamos a hacer. Yo a veces me despito y la llamo Milagritos, que es como la llamábamos antes de volverse demonia, pero ella como si oyese llover. Ya le puedes decir “¡Milagritos, corre, que tu látex negro está ardiendo!”, que ella no se reconoce y se queda impávida.

Obviamente os estaréis preguntando cómo es que Kristoff tiene novia cuando hace dos días estaba meando a un señor con una correa de perro puesta. Ellos son novios, pero sólo en teoría, vaya. No hacen usufructo del matrimonio, digamos. Son los Alaska y Mario Vaquerizo de Majadahonda. Resulta que han intentado muchas veces buscar novios ambos dos, pero nadie parece encajar en sus peculiares vidas. Hasta que un día se dieron cuenta que estaban hechos el uno para el otro. Y ahí están.

A Lilith también le apasionan las Barbies. Yo pensaba que para una gótica las Barbies son el demonio (o Jesucristo, en su caso) y que donde se ponga una Emily The Strange que se quite esa muñeca feliz y bronceada. Pero ya véis que no podéis dar nada por hecho en el universo Kristoff-Lilith. Milagritos, perdón, Lilith ha decidido ir un paso más allá y ha montado un negocio. Compra Barbies por e-Bay y luego las vende. Las guarda todas en su casay ahí es donde Kristoff y Lilith nos tendieron una trampa.

Invitaron a todos sus amigos a casa de Lilith (por separado, para no levantar sospechas, y bajo diferentes excusas) y allí nos encontramos todos. Parecía una novela de Agatha Christie. En cualquier momento me esperaba que cerrase las puertas y las ventanas y no pudiésemos salir nunca más. Como en ‘El Ángel Exterminador’. El terror fue en aumento cuando Lilith (vestida con corpiño rojo, botas New Rock y con lágrimas de sangre dibujadas en la cara…WTF?) nos hizo bajar uno a uno al sótano. Lo peor de todo es que los que bajaban al sótano no volvían nunca. Llevaban cinco amigos sin aparecer cuando me tocó bajar a mí. Y ahí me tenéis bajando a un sótano oscuro con el tembleque en las piernas. No es que piense que el gótico es un ser peligroso (y si lo es, lo es consigo mismo cuando le da por abrirse las venas), pero yo es que me espero cualquier cosa de una persona capaz colgar en su cuarto miembros disecados de Azufre, su gato negro suicidado (se arrojó bajo las ruedas de un Seat León el verano pasado sin venir muy a cuento).

Lilith abrió la puerta y os juro que las bisagras crujieron como en las películas de la Hammer (o no, pero fijaos lo aterrado que estaba). Cerré los ojos y cuando los abrí esperaba encontrarme una orgía satánica de sangre, pero no. Aquellos parecía Disneylandia. Todo el mundo reía. Había luz. Fantasía. Y Barbies. Muchas. Descubrí que el sótano es el almacén de Barbies de Lilith, listas para su venta. Allí estaba Kristoff con los ojos en blanco de placer (y los otros cinco desaparecidos). Kristoff me dijo que debía elegir una Barbie de todas aquellas para regalarle. Vaya, como en las bodas. Esa era su lista de bodas. Como cuando nuestras madres van a El Corte Inglés a comprar la picadora Moulinex a la prima Angelita que se casa.

Había preseleccionado tres para mí. Tres que, supuestamente, tenían que ver conmigo. Debía elegir una. No supe muy bien cómo tomármelo porque una era una especie de gata zorrón sentada encima de un zapato gigante (¿?), otra la Barbie Erica Kane (un personaje de soap opera) y, por último la Barbie Pilgrim (o sea, la Barbie Pionera americana), que fue la que elegí. No se podía pagar más tarde ni a plazos, así que amoché el precio de la Barbie allí mismo. Y ya me podía ir. Con mi Barbie a cuestas, claro, que se la tenía que envolver y dar el domingo como si aquella trampa en el sótano no hubiese tenido lugar nunca.

Más tarde me llamó Kristoff para preguntarme que si me había molestado la encerrona porque me había visto un poco serio. Yo le mentí un poco y le dije que no porque le había visto muy ilusionado y no soy quien para arrebatar las ilusiones de otro ser humano. Entonces es cuando me soltó algo que me dejó sobrecogido: estaba en terapia para quitarse del vicio de las Barbies. Muerto me dejó. Estaba yendo a la psicóloga porque veía que aquello estaba yendo demasiado lejos. Pero que cuando parecía que estaba haciendo progresos aparecía Lilith con tres Barbies recién llegadas de Estados Unidos (y con la caja de caudales también, claro). Me dijo que Lilith es como los traficantes de drogas, que nunca te dejan escapar. Está atrapado en ese sótano lleno de muñecas horteras.

Y en los próximos días más.

Por cierto, Alexandra me ha dejado sólo en casa. Se ha ido con su madre, Erica, a México a reencontrarse como madre e hija y como hija y madre también. Como el reencuentro no sea el de Erica con Felipita, la criada a la que deportó de Estados Unidos hace tres años, no sé yo si va a haber otro.

xoxo

Blake

Escrito por blakecarradine

Julio 8, 2008 a 3:14 pm

Kristoff en el cruising (y la Filo on fire)

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Sabemos que venís a este blog buscando homosexualismo y lesbiandad, poligonerío, cuarentonas psicóticas, violencia, delito, incesto,… y os lo vamos a dar. Como ya dije ayer, somos lo más parecido al ‘Esta noche cruzamos el Mississippi’ que podéis encontrar actualmente.

Ayer por la tarde Kristoff se pasó por Madrid y me llamó. Cuando salí del trabajo fui directo al Vips de Fuencarral, que es donde Kristoff me estaba esperando.

Como ya sabéis, la vida de Kristoff está dedica única y exclusivamente a su colección de Barbies. Es raro que Kristoff salga de su retiro en Majadahonda y menos para venir a una ciudad llena de peligros. Pero la ocasión lo valía. Había contactado con un coleccionista de Barbies tan loco como él que le había vendido la codiciada Madame DuBarbie (verídico), el nombre de una Barbie inspirada en la Francia de la época de María Antonieta. Venía contentísimo con ella y eso que había desembolsado nada más y nada menos que 200 eurales. Me extrañó que un coleccionista de Barbies se hubiese deshecho de la DuBarbie, pero el pobre necesitaba el dinero para la operación de la vista de su anciana madre. Me dijo Kristoff que le regateó y todo, que una cosa era la vista de una señora con un pie en la tumba y otra bien distinta una Barbie, que perduran casi eternamente. Así se comporta el coleccionista de Barbies, como un buitre. Intenté sacar la DuBarbie (que era pertardísima y rococó) de la caja pero, obviamente, Kristoff se puso nervioso y escondió la muñeca debajo de la mesa. Y para que me olvidase de la Barbie, sacó una de sus historias ‘en el cruising’, que sabe que me dejan clavado en el asiento.

Kristoff le tiene mucha afición a ir ‘al cruising’. Obviamente al cruising no se va, el cruising se hace, pero da igual, él te cuenta ‘Hoy he ido al cruising y se la he chupado a tres tíos, se la he metido a cinco y luego me he corrido en mi casa’.
Su zona de cruising favorita es una que está cerca de su casa, en una especie de bosquejo. Es como su segunda casa. Hasta le ha puesto nombre a las diferentes zonas del bosque. Por ejemplo, tenemos ‘el sembrado de los Kleenex’. Esta es una zona a evitar. Luego están ‘los bosques interiores’, que remiten a fantasías artúricas, pero sólo son cuatro árboles de mierda un poco más separados del resto, donde no hay tanto tránsito. Porque tránsito hay. Una vez estaba fela que te felarás cuando pasaron dos señoras y una niña recogiendo espárragos. A ver como explicaban luego las dos señoras a la niña que ese no era el tipo de espárragos que estaban buscando.

Él coge a su perra, Darkness (para que veáis lo torturado que está) y se la lleva con él al cruising. Es la perra que más pollas humanas ha visto en la historia de la Humanidad. Hasta los habituales de la zona lo conocen como ‘El Chico del Perro Negro’. Algunos son tan habituales que hasta montan tertulias entre folleteo y folleteo, se preguntan por las mujeres o critican a los otros habituales. Un mundo fascinante.

Su última historia fue este domingo pasado. Como siempre, cogió a Darkness y se la llevó a dar un paseo. Sabe que la hora ideal un domingo es después de comer. Los padres de familia se despiden de la señora y los niños y se van ‘a por tabaco’. El domingo por la tarde es el especial ‘Padres que juegan a fútbol sala los domingos por la mañana’. Se cruzó con uno de estos señores y empezaron el toqueteo. De repente, el señor le dice tímidamente: ‘Por favor, ¿podrías mearme?’. Como a Kristoff nada le sorprende ya, le dijo ‘Bueno, sí, pero espera que se me baje un poco la erección que, como todo hombre sabe, cuesta lo suyo mear erecto y cuando lo haces te sale el pipí en doble dirección’. Al cabo del rato, el buen hombre le dice: ‘¿Por favor, podrías ponerme la correa de tu perro?’. Y Kristoff, por supuesto, cómo no. Así llevaban un rato cuando el hombre, que por perdir que no quede, pensaría, le dijo ‘Oye, ¿podrías meterme un dedín por el culo? Tú tranquilo, que si lo sacas lleno de excrecencias yo luego lo chupo y listos’. Aquí a Kristoff se le removió un poco el estómago, pero lo hizo, que cuando empieza algo le gusta acabarlo. Kristoff acabó la tarde con el dedo muy limpio.

Ante esta historia se me abrían varios interrogantes. El peor de todos era qué iba a hacer este hombre ahora que iba meado y con la boca sucia. Pon que en el camino de vuelta a casa se encuentra con la mujer y los niños, que se le tiran encima buscando el besito de papá. No, hay que pensar las cosas antes de hacerlas, que en abstracto puede sonar muy bien la escatología (a quien le suene) pero en la práctica tiene una serie de inconvenientes y más si te da por practicarla al aire libre, sin un bañito cerca.

Dejé a Kristoff y me fui a casa a ver si me recuperaba de las imágenes mentales que me habían provocado su bizarra historia. Menos mal que ya venía sobresaltado, porque nada más llegar a mi portal me veo congregada a la policía allí junto con el típico coro de curiosos necesario en todo drama callejero. En un primer momento pensé que CheChé se había despeñado por el balcón en un movimiento mal controlado de la Wii Fit, pero cuando vi lo allí sucedido no me lo podía creer.

Mi vecina la Filo, ya sabéis, la hija de la señora Tránsito, putón verbenero una y paralítica la otra, estaba revolcándose (r-e-v-o-l-c-á-n-d-o-s-e) en la calle mientras su madre gritaba ‘¡Qué la encierren! ¡Por puta! ¡Por zorrón! ¡A ver si así le comen el chichi las bolleras y le dan su justo castigo por libertina!’ Cuando la Filo decidió dejar de revolcarse se tiró a la carretera y a punto estuvo casi de ser atropellada si no llega a ser por un agente de la ley. Aquí es cuando a la Tránsito le dio como un vahído y no se cayó desplomada, que estaba sentada, pero sí que se quedó con cara de lela. Al final se llevaron a la madre y a la hija al hospital, pero sigo sin saber qué ocasionó el brote psicótico a la Filo. Cuando me entere os lo digo.

xoxo

Blake

Escrito por blakecarradine

Julio 3, 2008 a 8:28 pm

El bakala y la americana (II)

con 7 comentarios

Dejaremos mi viaje a Barcelona y lo allí acontecido para otro momento. Que para porno siempre hay tiempo. Ahora nos ocupan un drama homosexualístico-bakala, un muerto resurrecto y un incesto en la familia. Vamos, que ni en la época del ‘Esta noche cruzamos el Mississippi’.

Llego de mi viaje a Barcelona cuando me llama Hunter y me dice: ‘Código Rojo. Melissa Sue acaba de meter el DVD de ‘La Fuerza del Cariño’ en la PS3 que le regaló Sergio. Haz algo. Confío en ti’. Yo ya sabía que Melissa Sue y su novio bakala, Sergio, estaban al borde de la ruptura. No conocía los detalles porque Hunter se limitaba simplemente a decirme una y otra vez vía SMS: ‘¡Muy fuerte, muy fuerte!’. ¿Qué podía hacer yo para dentener ese Código Rojo? Pues presentarme en casa de Melissa Sue con tarta de queso, como en ‘Golden Girls’.

Como me imaginé, al llegar Melissa Sue estaba sudando de los dramas de Shirley MacLaine y su hija y, con una botella de booze en la mano, sólo acertaba a decir en su macarrónico español: ‘Marricón, es un marricón’. Estuve a punto de decirle que si era ahora cuando se enteraba que su primo era maricón llegaba un poco tarde, pero no. El marricón en cuestión era nada más y nada menos que Sergio, el bakala.

Que hay mariquitas que quieren ir de bakalas (con sus chándals, sus zapas, sus cadenones y su pluma mal disimulada) es una cruda realidad, pero que hay bakalas auténticos que son maricas es un hecho que hay que aceptar como buenamente podamos. Lo que yo no sabía es que Sergio era uno de ellos. La historia es que Melissa Sue le pilló el portátil a Sergio y le estuvo mirando el historial de navegación. Un clásico de la novia psicótica junto con el de chafardear los SMS del móvil. Melissa Sue descubrió que Sergio entraba en una misteriosa página llamada www.bakala.org. Como nos había escuchado a nosotros llamarlo bakala en su cara, Melissa Sue debió pensar divertida ‘Voy a ver a qué se refieren estos diablillos con lo de bakala’. Lo que ella no esperaba encontrarse era con perfiles de pollas tiesas, cortes de pelo a lo cenicero, corridas en zapas Nike Cortez y primeros planos de paquetones abultados en chándales militares.

Cuando Sergio, el pobre inadvertido, llegó de la fábrica se encontró el melodrama montado en casa. Melissa Sue había llamado a su amiga Kennetta, horiunda de Harlem (que estaba visitando Madrid, no es que hubiese pillado un vuelo directo NYC-Madrid sólo porque un bakala nos ha salido maricón). Kennetta estaba allí por si había que repartir leña, que al ser conductora de autobús en NYC ella sabe mucho de intimidar. Melissa Sue le montó el numerazo: que si se lo iba a contar a todos sus amigos de la fábrica y lo iban a rajar vivo por pasivorro (se ve que los perfiles más visitados eran los que tenían fotos de pollas sin cara), que si iba a mandar a su primo y a su amigo a partirle la cara (o sea, Hunter y yo, dos maricones más mariconazos que él)… El problema era que se lo soltó todo en inglés cerrado de Dakota del Sur. Vamos, que llevaban veinte minutos de griterío y Sergio no se había coscado de nada. Cuando al final se enteró se defendió alegando que le habían llegado rumores de que en esa página de maricones habían colgado el primer capítulo de una serie llamada ‘Chungo y Pelao’, basada en un cómic del mismo nombre, que también ofrecía ese página de invertidos. Defensor como es de su colectivo, entró en la página para ver cómo los habían desvirtuado y si le daba mucho asco lo allí expuesto, él y sus colegas el Tute, el Loco y el Cani iban a montar una expedición para partirle el rostro al autor. Mucho asco no le debió dar lo allí expuesto porque le escribía a un tal fuenla_sexo: ‘K pajots me exo kn l xungo i el pelao’.

Ya en casa pude ver el vídeo y os lo recomiendo, es muy divertido. El montaje de algunas escenas es superortopédico y uno de los bakalas se lía con una tía que se parece a Mimi, la otaku del Gran Hermano de hace un par de años, pero te partes la caja con los diálogos y las interpretaciones.

Y el resto de dramas de la semana, mañana.

xoxo

Blake

Escrito por blakecarradine

Julio 2, 2008 a 7:37 pm

No wire hangers! Ever!

con 9 comentarios

Dice Blake que la madre de Alexandra es un poco como Joan Crawford en el libro de Christina Crawford. Y es cierto, pero yo hoy voy a hablar de mi madre, Nicole, que también se las trae, aunque, pobrecita, no tiene la culpa. Tener un marido como mi padre más que el sueño de una mujer es su pesadilla (aunque Blake sueñe todas las noches con él).

Mi padre, debido a su afición, el culturismo, era un hombre extremadamente vanidoso y bastante atractivo. Y un mujeriego. Mi madre lo quería mucho, la pobre, pero él le daba mala vida.

Yo crecí en un suburb de New Haven y desde muy pequeño fui consciente de que mi padre llevaba una doble vida. Básicamente no podía evitar sucumbir a su pasión por las mujeres y sé que se tiraba todo lo que pillaba. Él ahora es un hombre de negocios que posee una importante cadena de gimnasios pero por aquel entonces tenía un modesto gym en Connecticut. Ahí se pasaba el día ligando con las clientas, y mi madre en casa de abnegada housewife.

El caso es que mi madre se fue deteriorando física y mentalmente llegando al punto de hacerse alcohólica y adicta al Xanax (es como llaman allí al trankimazin) y una verdadera maniática del orden y de la limpieza. No podíamos sentarnos en los sofás tres días antes de recibir una visita o venía con el gin-tonic y el cigarro en la mano gritando fuera de sí y asustando al gato.

El día en que noté por primera vez que se había pasado de rosca es cuando llego a casa (yo todavía vivía en USA antes de venirme aquí de adolescente, escapando de una ya insoportable situación familiar) y me encuentro al pobre gato atado a una silla con una cuerda. Digo mamá por qué tienes al pobre Scott atado, qué ha hecho? Resulta que se había hartado de que le tuviera todos los sofás llenos de pelos y creyó que tenerle atado era una solución. Ahí ya me di cuenta de que mi madre se estaba volviendo loca. Cuando llegaba mi padre por la noche mi madre estaba etílica perdida y le montaba unos pollos de aquí te espero… “¿Dónde coño has estado?” “Hueles a perfume barato” “Eres un mamonazo, fuera de mi casa!” y así. Yo mientras tanto estaba en mi cuarto abrazado a mi osito de peluche sintiendo que el mundo se estaba desmoronando por momentos. Yo no hacía más que acordarme de aquella película que pasaron una vez por televisión de Faye Dunaway haciendo de Joan Crawford y de la escena aquella en la que le echaba la bronca a su hija por utilizar perchas de alambre. Soñaba con que mi madre llegaba por la noche con el cubatazo y los rulos y me agredía con las perchas al grito de “No wire hangers ever!!!!”.

Afortunadamente mi madre nunca me pegó y ahora está totalmente recuperada y divorciada de mi padre. Se volvió a casar y tiene un hijo que es mi hermanito. Ella siempre se preocupó por mí y fue una buena madre y ama de casa que no tuvo buena suerte con su primer matrimonio y pasó por una mala etapa de la que afortunadamente salió. Mi padre no se volvió a casar, se dio cuenta de que el matrimonio no era lo suyo y aunque pasamos una temporada él y yo sin hablarnos, al final le perdoné y ahora tenemos una relación normal. Yo ahora vivo en Madrid y aunque esto me gusta no descarto volver algún día a mi tierra natal.

Si algo he sacado en claro de todo esto es que, de manera subconsciente, le tengo manía a las perchas de alambre. Son como un símbolo maligno y no puedo ni verlas. Así que ya sabeis… No wire hangers!!! Ever!!!!

Hunter

Escrito por hunterfox

Junio 27, 2008 a 8:13 am

El Chivato de Cojones y Jon Hamm

con 4 comentarios

El domingo por la noche, tras despedir a Hunter y a Melissa Sue (y a su novio bakala, Sergio), Alexandra se fue a dormir a casa de Alejo, su novio engominado de camisa rosa. Yo me quedé sólo en casa. A mí cuando me dan esa libertad me vuelvo loco. Barajé dos posibles ideas: poner trampas por toda la casa para atrapar a los ladrones como Macauly Culkin o encerrar en el armario a Ricky Martin, bajarme los pantalones, untarme mermelada en la polla y ofrecérselo a mi perrito. Al final opté por ponerme el primer capítulo de Mad Men, que le tenía muchas ganas.

Mad Men es una serie muy aclamada por la crítica (me encanta usar esta frase) que habla sobre los cambios sociales en la América de los 60 usando al personaje y entorno de un publicista muy hijo de puta. En cuanto vi al protagonista, Jon Hamm, supe que la serie me iba a gustar aunque sólo tratase de ese señor mirando la pared. Más le vale al padre de Hunter homosexualizarse ya o lo cambio por Jon Hamm.

Me gustaría explicaros un poco más de la serie, pero no pude ni ver medio capítulo. De repente empezaron a sonar atronadoramente canciones dance los 90: Saturday Night, Pump up the jam, Scatman…¡todas! Pensé que Technotronic y Whigfield se habían mudado al barrio, pero tras meditarlo un poco caí en que, como no podía ser de otra manera, el estruendo vintage venía de casa de CheChé. CheChé y su amiga Crystal viven ancladas en los 90. Lo más natural sería que viviesen ancladas en los años del Charleston, que es cuando eran mocitas, pero como se quitan décadas de vida tiene su lógica. Las dos caraduras dicen que el mismo día que Brenda y Brandon Walsh llegaban a Beverly Hills ellas recién acababan el COU.

Como estaba enemistado con CheChé me aguanté las ganas de subir y aporrearle la puerta. Después de media hora de horror noventero no pude más y subí dispuesto a asesinarla. CheChé me abrió la puerta en mayas. El impacto de ver sus dos jamonorros embutidos en unas mayas de lycra brillante pudo más que la rabia y me quedé petrificado. Sin habla. Sorprendentemente, me invitó a pasar muy sonriente. Algo tramaba. Allí dentro estaba Crystal, sudando como una gorrina y vestida como Jennifer Beals en Flashdance, sólo que en su versión pesadilla. Me confesaron que habían quedado para jugar al Wii Fit, el juego de consola. Si eso es un juego que baje Dios y lo vea. De toda la vida los vídeojuegos van de darse de hostias, atropellar ancianas o de puercoespines dando brincos. A mí que no me digan que un juego donde tienes que hacer flexiones, abdominales, steps y demás es un juego. A eso, de toda la vida, se le llama ir al gimnasio. Period. Para hacer algo que puedo hacer en mi vida cotidiana no me compro un juego.

Pues resulta que las dos querían rebajar ese par de toneladas (ellas dijeron kilitos) que les sobraba. A los diez minutos de darle al step se estaban cagando en la madre que parió al señor Nintendo. Aparcaron la Wii en un rincón, sacaron el booze a granel, un CD recopilatorio de dance de los 90 y se pusieron a recordar sus ‘primeros’ bailes en las discotecas. Extrañamente hospitalarias me ofrecieron Bailey’s y lomo embuchado que un primo de Crystal había traído de un pueblo de Jaén. Toma mezcla. Dije que no, por supuesto, no fuese que estuviese envenenado. Y aquí fue cuando CheChé me dijo ‘¿Y bien?’. Crystal quitó la música de golpe y las dos se me quedaron mirando muy serias. Vi pasar toda mi vida en segundos. Hasta me pregunté qué harían con mi cuerpo una vez asesinado. Obviamente no podrían cargar conmigo y enterrarme, que estas dos acaban deslomadas. Seguro que me descuartizarían como hace Dexter y me tirarían al Manzanares. Luego me haría tan famoso como Rocío Wanninkhof o las niñas de Alcàsser. Harían una tv movie de mi vida. Tuve tiempo hasta de pedirle a Dios que mi papel lo interpretase Paul Rudd (tampoco pedía tanto) y no Tori Spelling. Tragué saliva y contesté a la pregunta de CheChé: ‘Vengo a pedirte disculpas por tratarte de loca en mi blog’. Entonces, se levantó, se dirigió al equipo de música, le dio al Play y empezó a sonar el Saturday Night. Me tendió su mano y me dijo muy circunspecta: ‘¿Sabes bailar el Saturday Night?’ – Y yo, muy serio: ‘No, no lo sé, sólo sé bailar el Macarena y un poco el Aserejé. – Y ella: ‘Tranquilo, yo te enseñó’

Y así, con los tres bailando el Saturday Night, CheChé y yo nos reconciliamos. Hasta que lea este post, claro.

Al bajar a casa, me llama mi madre, Mrs. Carradine, abochornada total. Resulta que mi padre, Mr. Carradine, fue pillado con las manos en la masa en uno de sus hurtos vecinales. Que mi padre es un ladronzuelo es algo que mi madre y yo ya sabíamos hacía tiempo. Desde que se jubiló sólo encuentra solaz en las telenovelas, los reality shows y el hurto. Los primeros indicios que tuvimos de su cleptomanía fue ésta Navidad pasada. Descaradamente mangó un Santa Claus que decoraba el jardín de unos vecinos de un par de calles más allá. Y con todo el chichi del mundo lo plantó en el nuestro. Y no sólo eso, llamó al vecino hurtado para que se pasase por casa a ver el Santa Claus que había comprado. Así es mi padre: No fear, jugándosela, adicto a la adrenalina. Luego se pasó al hurto flora y fauna. A la que puede arranca plantas o flores y las transplata en casa. El vecindario sólo respira en paz cuando están dando las telenovelas de la CBS y America’s Next Top Model, su, inexplicablemente, reality show favorito. El resto del tiempo hay un serial thief suelto en el barrio.

Tenía que pasar un día, y el sábado pasado, el perrito de nuestra vecina Mary Beth lo pilló in fraganti intentando arrancar su buzón de correo. La razón por la cual quería ese buzón aún se desconoce. Pillado, mi padre intentó silenciar a Cojones (sí, se llama así, Cojones) sutilmente: a patadones limpios. En cuanto vio a Mary Beth salir gritando como en el chiste de Mistetas: ‘Mi Cojones, mi Cojones’, mi padre salió por patas, pero no sirvió de nada. Al rato tenía a la patrulla vecinal en casa. Los vecinos sumaron dos más dos y dedujeron que mi padre era el serial thief que los había estado aterrorizando. Obviamente mi padre mintió y se hizo el ofendido. Por poco no les saca el rifle si mi madre no lo detiene. No tienen pruebas en contra de mi padre, pero a la próxima block party no lo invitan, eso seguro. Que se anden con ojo ese día, que me da a mí que les va a desaparecer toda la comida. Y el perrito Cojones que se vaya despidiendo de su amos, que mi padre dice que se va a comprar el gato más desquiciado como mano ejecutora en su venganza en contra del chivato de Cojones.

Y me acosté tempranísimo, que al día siguiente tenía que coger un vuelo para ir a Barcelona por cosas de trabajo. Poco sabía yo que aquella noche de lunes iba a vivir lo mismito que Tom Cruise en ‘Eyes Wide Shut’.

xoxo

Blake

Escrito por blakecarradine

Junio 26, 2008 a 9:38 am

Primeros días de verano y una moderna

con un comentario

Desde que he terminado los exámenes no he parado. No sé muy bien qué le entra a uno con estos calores y el tiempo libre que parece que nunca se te terminan las ganas de hacer cosas. Con lo hipotónico y alicaído que andaba yo en en época de exámenes y parece que ya me he curado.

Pues resulta que quedé ayer tarde con unos amigos que hacía mucho tiempo que no veía y como hacía tanto calor no sabíamos donde demonios meternos y decidimos hacer lo más socorrido: meternos en la Fnac. Ya sabéis como es la Fnac. No se te ocurra ir jamás sin arreglar o con los pelos de recién levantado y una camiseta cutre porque no falla: te encuentras a todo el mundo. La primera persona a la que me encontré fue a un profe del instituto que entendía como una perra y que estaba comprando libros y yo, como ya le había visto primero, decidí hacerme el encontradizo chocándome como quien no quiere la cosa con él. Fue bastante violento porque parecía que se alegraba de verme. Él siempre me había parecido atractivo pero los años no perdonan, no aguantaba un primer plano y en vez de ligar con él que era lo que pretendía, le dediqué un escueto “hola, qué tal que haces tú por aqui?” (que pregunta más estúpida, pues qué va a hacer, comprar en la Fnac como todo el mundo, y a lo mejor luego se subiría a los baños a hacer cruising). Me dijo nada, comprando unos libros y yo “ah” “bueno pues nada me alegro de verte hasta otra”.

Me fui corriendo con Marta a encontrarnos con los otros que estaban en la parte de abajo viendo los discos de Kylie y Madonna (siempre los ven, aunque ya los tengan, es como parada obligada verlos nuevos, amontonaditos, ver si han bajado de precio o no, y además que seguro que ligas porque ahí las tienes a todas siempre revoloteando.)

Lo siguiente que me encontré fue a un antiguo ligue (me hice la sueca tapándome con un vinilo de Kylie que me vino muy “handy”) y continué mi periplo. Resulta que en la Fnac estaba ni más ni menos el buenorrísimo de Eduardo Aldán (el de Espinete no Existe) y me puse a hacer palmitas como una colegiala. Me dice Iñaki ¿pero quieres dejar de mirarle de esa manera? Se conoce que me había quedado mirándole los musculitos bronceados y los ojazos azules como si no existiera otra cosa en el mundo. Me pareció guapísimo y entonces me quedé ahí un rato alrededor suyo haciendo como que miraba discos pero él no mostró el menor signo de ser consciente de mi presencia. ¿Quién se había creído? ¡Despreciarme a mí! Eso significa que desgraciadamente no entiende, siempre es así, cuando a alguien lo miras y no notas reacción ya sabes lo que toca. Muy metrosexual, muy moderna, pero heterosexual.

Nos fuimos de allí sin comprar nada excepto unos cd’s vírgenes (qué triste) y nos dirigíamos al Urban Café cuando me llama Alex ¿Qué haces? le digo voy con estos al Urban a chupar aire acondicionado y me dice Alex espérate que vamos Blake y yo para allá.

El caso es que en nuestro camino hacia el Urban resulta que veo acercarse a lo lejos a un ser repugnante: La China Patino. Iba hecha una mamarracha de concurso, con un corte de pelo totally ‘uncanny’, la cara pintada con polvos de arroz, los ojos como creyéndose la doble de Björk y una ropa que daban ganas de tirarla entera a ella al cubo de la basura. Además iba con unos mitones negros con el calor que hace y una falda asimétrica con mallas de rejilla hechas jirones. Se creía que iba total y super moderna.

No pude evitarlo y cuando paso por delante me puse super agresivo y  grité “Mira una moderna!! De mierda!!, mamarracha, petarda!!!” o algo así. Se giró pero como había tanta gente no logró localizar quién era la pedorra que andaba dando voces. El caso es que se dio por aludida. Mis amigos estaban que no sabían dónde meterse pero yo me quedé más a gusto que un arbusto. La odio. Es un infraser que se cree superior al resto de la humanidad por hablar como si fuera retrasada mental y presentar una basura de programa en una cadena pública y ser la más moderna de todas las pueblerinas que hay en este país que se vienen a Madrid cegadas por las luces de la escena alternativa y que invariablemente acaban creyéndose que tienen talento.

Un día iremos al Café la Palma y haremos un acto de terrorismo contra todas las modernas inmundas como si fuesemos una banda de eskinetas.

Hunter

Escrito por hunterfox

Junio 25, 2008 a 6:20 pm