Alex – Blake – Hunter

Orgullosos de haber sido expulsados un trimestre entero

El bakala y la americana

con 4 comentarios

El domingo por la mañana, para quitarnos el disgusto de encima (recordad que casi morimos sepultados por las Barbies de mi amigo Kristoff), Alexandra y yo decidimos tomar las calles de Madrid. Queríamos ponernos morenos, que ya estábamos tardando. Alexandra (que debe tener algún gen africano suelto por ahí) se pone morena en milésimas de segundo, pero yo (que debo tener genes albinos) necesito horas y horas de sol y, aún y así, el bronceado me desaparece en un plis.

Llamamos a Hunter, pero me dijo que estaba con Melissa Sue, su prima, en La Latina. Pero que se apuntaba si hacíamos algo esa misma tarde. También llamé a Kristoff para hacerle un poco la pelota, que la noche anterior lo habíamos dejado un poco molesto con nosotros, por vándalos. Obviamente saltó el contestador.

En el mundo de Kristoff, el día siempre empieza a las dos de la tarde y acaba a las seis de la mañana. Indistintamente de si es lunes, sábado o fiestas de guardar. Vamos, como si fuese de la pandilla de Paris Hilton. El desayuno para él no existe. Cuando salta de la cama, tiene la comida en la mesa y sobre las dos o tres de la madrugada se prepara una especie de re-cena para continuar la tralla el resto de la noche. Ésta comida suele desafiar toda lógica y sentido común. Un día tuvieron que llevarlo a urgencias porque decidió combinar una lata de mejillones con turrón Antiu Xixona. A lo mejor Ferran Adrià te los junta y te cobra el plato a 6.000 euros, pero a Kristoff casi lo mata.

Alex y yo nos plantamos en la Plaza Dos de Mayo, una de nuestras favoritas. Nos sentamos y nos dedicamos a observar la fauna allí congregada, que suele ser muy curiosa: los vendedores del piojoso mercadillo allí montado, las veinteañeras con vestiditos ligeritos leyendo sus libros recomendados en el EP[3], los abuelos orientales haciendo yoga,… Nada más llegar vaciamos el bolso de Alexandra, que guardaba nuestros protectores solares y nuestras Ray Ban Wayfarer, que están a un mes de pasar de moda. Sólo esperamos que no sean sustituidas nuevamente por las gafas de marica de Ibiza o las de soldadora lesbiana que hicieron populares la Pantoja y Rocío Jurado.

Mientras cogíamos nuestro primer melanoma del 2008, Alexandra me contó la llamada de su madre esa misma mañana. Le dijo: “Hija, he llegado sana y salva a New York”. Desde el 9/11, Erica tiene miedo a volar, pero sólo la ruta Cualquierpartedelmundo-New York. Cada vez que el piloto anuncia que están próximos a New York ella empieza a ver terroristas islámicos por todas partes levantándose y tomando los mandos del avión. Ella ya puede volar a Bagdag que va la mar de tranquila, pero es acercarse a New York y es entrar en pánico. Como se conoce, nada más despegar se toma un Trankimazin y se pasa las 8 horas del vuelo inerte. Ya puede aparecer un terrorista de verdad que ella sigue roncando como una cerda. También le contó que Arkadiy, su novio ruso, había llegado pedo al JFK. Se ve que le había pillado gusto al tintorro y no paraba de pedir botellines de vino. Hasta las simpáticas aeromozas de American Airlines reprobaban con su mirada la actitud de Arkadiy. Imaginaos el numerazo cuando estos dos se bajaron del avión, una zombie y el otro borracho dando tumbos.

Alexandra estaba hambrienta y deshidratada, así que como el caballero que soy, me fui a unos chinos a comprar cualquier basura. Al llegar me encontré a la china dependienta fuera de sí y a un señora fuera de sí, de no y de todo. Mientras le pillaba una Coke Light a Alexandra y unos Cheetos amarillos, puse la oreja y parece que la china intentó venderle a la buena mujer un bacon que según la señora: “Era de gato lituano”. Cuando escuché esto no pude evitar soltar una carcajada. A veces no soy consciente y pienso que la vida es una sit-com, así que para mí no es nada malo proveer de risas enlatadas la escena. No lo entendieron así la china y la española y ésta última me espetó un “¿Qué te hace gracia?”. Sincero, le dije que lo del gato lituano. Me miró unos segundos, se giró y le siguió montando la de aquí te espero a la china. Lo mejor del caso es que había otro chino que pasaba de los gritos y sólo miraba embobado una extraña telenovela china… subtitulada en chino.

Al llegar a la plaza, un descamisado con un perrito muy simpático estaba dándode el coñazo a Alexandra que, muy educada, le seguía la corriente. Yo llegué y Alexandra soltó: “Ah, aquí está mi novio”. El descamisado se desinfló y se fue con su perrito a otra parte. Poco duramos en la plaza porque estábamos al borde de la insolación, así que volvimos a casa arrastrándonos, que a mí el calor me baja la tensión.

Por la tarde recibimos la visita de Hunter, que venía con su prima Melissa Sue y el novio bakala de Melissa Sue, Sergio.

Melissa Sue sólo hace un año que vive en Madrid. Es la típica americana que llega a España y se vuelve loca del coño. Melissa vino a España para conocerla unos mesecitos mientras estudiaba no sé qué y decidió quedarse a vivir. Desde ese momento ella no conoce el sueño. Sale de lunes a domingo. Y al día siguiente sigue teniendo la misma cara de rosa fresca con gotas de rocío que tenía por la mañana. Se emborracha, folla y vuelve en taxi a casa cada noche (Melissa nunca coge el suburbano ni los autobuses, sólo taxis). En una de estas conoció al tal Sergio, un bakalita de Parla muy saladín. No pegan ni con cola. Entre el español ortopédico que habla ella y el bakalense que habla él, ahí no hay nadie que los entienda, pero parece que se quieren a juzgar por las explícitas muestras de cariño que se profesan.

Melissa y Sergio nos contaron que estuvieron comiendo en La Latina, en un restaurante llamado ‘La Musa’. Se ve que hay una camarera argentina supermisógina que maltrata a las mujeres. Dicen que es tan obvio, que si en una mesa hay mujeres y hombres, a las mujeres ni las mira y les habla muy seca, pero que si hay un hombre se derrite y hasta se te sienta contigo en la silla (¿?). A un par de alemanas que había allí sentadas les dejó las cervezas en la mesa con tan mala leche que hasta les salpicó y todo.

Hunter se horrorizó porque me había puesto como una gamba. Decía que sólo me faltaban las sandalias con calcetines. Le dije que a ver de qué otra manera me iba yo a poner moreno. No sé para qué le dije yo nada. Sacó de su bolsa el autobronceador de Clarins que él usa. Es una maravilla, viéndolo a él. Inocente de mí yo pensaba que estaba así de moreno de los UVA, pero se ve que se aplicó el Clarins por la noche y ahora estaba que ni Ricardo Montalbán. También nos dijo que si queríamos podíamos ir al California Tan, un lugar donde él va, te encierran en un zulo mientras unas mangueras terroríficas te rocían con productos químicos. A mí eso me suena a baño de desinfección de cárcel turca, así que le dije que pasaba, que seguiría probando con el método tradicional.

Pusimos una película de la que Hunter es fan. Se llama ‘Eating Out 2′. No habíamos visto la primera, pero no hacía falta. Realmente tampoco hacía falta ver la segunda si no fuese por la presencia de un tal Marco Dapper, un modelo/actor (más modelo que actor, para qué nos vamos a engañar) que estaba que daba apuro mirarlo y todo. Intentamos sacarle defectos, pero no se podía. Sólo vimos que tenía los huevos demasiado colgones (y esto para según quién no será un defecto) y carillas en los dientes, pero no en plan Khandi Alexander, sino en bien.

Y el día acabó con la reconciliación más esperada del milenio: la mía con CheChé. Pero esto, mañana.

xoxo

Blake

Escrito por blakecarradine

Junio 24, 2008 a 3:31 pm

Viven

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Siempre he pensado que los coleccionistas son gente triste con un verdadero problema mental. En mi opinión la profesión psiquiátrica debería ponerse en marcha ya y buscar un medicamento para remediarlo. ¿Qué sentido tiene, por ejemplo, coleccionar muñecos Pez? ¿Qué cojones haces con ellos? Digo yo que para sacar provecho a tu obsesión tendrás que tocarlos y jugar con ellos cada noche antes de dormir, ¿no? Coges el muñeco Pez de, pongamos, Betty Boo, lo miras y te repites a ti mismo: “Tengo el muñeco Pez de Betty Boo”. Y entonces te vas a dormir tranquilo. La cuestión es que después de tanto años de despotricar contra los coleccionistas, el Hado Coleccionista decidió vengarse de mí y casi fenezco.

El sábado por la mañana me levanté bien temprano por culpa de la escandalera matutina que estaban montando la señora Tránsito (verídico) y su hija Filo, mis vecinas de al lado. Para que os hagáis una idea, si hiciesen una película de mi vecindario, los papeles de la señora Tránsito y la Filo los harían Chus Lampreave y Rossy de Palma. Las dos viven una tormentosa relación desde que a la señora Tránsito la atropelló un coche, se quedó paralítica y su hija Filo se vio obligada a cuidar de ella. Pensaréis que este suceso truncó la juventud y felicidad de Filo, una alegre mocita llena de vida e inquietudes que pasó a ser un personaje de La Casa de Bernarda Alba.

Nada más lejos de la realidad, la Filo es una frescales de aquí te espero. La tía tiene más vida sexual que todas las putas de Montera juntas. Es la Blanche Deveraux del barrio. Le ha puesto una peruana a su madre y cuando la peruana en cuestión llega, se coge el bolso, se pinta los labios color rojo vino y sale a la calle en busca de jarana. Normal que cuando llega a casa oliendo al Varon Dandy de sus conquistas y con las bragas en la mano su madre se la monte parda porque ella se ha pasado la noche aguantando a la peruana tocando ‘El Condor pasa’ con la harmónica.

Por si no hubiese tenido suficiente dinámica materno-filial aquella mañana, entran por la puerta Alex y su madre, Erica. El viernes noche la llamó y le dijo a Alex que estaba en la ciudad para el entierro de una amiga suya que había muerto resbalándose por las escaleras de su casa. Estuve a punto de preguntarle qué marca de cera de suelos usaba su amiga que te lo deja tan lustroso, pero no me pareció lo más oportuno.

Erica no me traga mucho, pero aprendió a hacerse la falsa cuando era reina de belleza en su juventud. Así que me miró como si yo fuese un juez de Miss USA y me dijo que estaba más fornido que la última vez que me vio. Me preguntó que si me entrenaba y yo le dije que sí, pero con el bocadillo de jamón serrano. La dejé tiesa allí mismo porque se pensaba que me iba a hacer un ovillo en un rincón al insinuarme que estaba más gordito.

Dejamos a Erica en casa y Alex y yo fuimos a hacer la compra al Cárrefour (sí, en esdrújula, que es como hay que pronunciar todos los supermercados, hipermercados y grandes superficies que se presten a ello). Alex no podía más con su madre. La había obligado a ir con ella al entierro de la resbalada y encima pretendía que fuesen juntas este verano a Mexico para reencontrarse como madre e hija. Alex aún no sabe qué hacer, pero yo le dije que tenía que aceptar, que la vida es muy corta y nunca sabes qué escalera encerada vas a pisar.

Por la tarde, después de ir a comprar cosméticos con Hunter, los tres nos dividimos y quedamos en encontrarnos más tarde para ir a la fiesta en casa de mi amigo Kristoff. Alexandra se fue a acompañar a su madre al aeropuerto, Hunter se fue con su novio Marco a casa de su padre a tratar unos dramas que tienen en el gimnasio que los tres llevan juntos, y yo me fui a ver si podía dormir un rato antes de la fiesta.

Acicalados y con el chichi lavado, Alexandra y yo esperamos la llegada de Hunter, que nos iba a llevar en su coche de The Fast and The Furious a casa de Kristoff, que vive en Majadahonda. Cual fue mi sorpresa cuando veo que llega con él Christopher, su padre. Cada vez que veo a Christopher me convierto en una niñita tonta de trenzas y piruleta en la boca. No me atrevo ni a mirarlo a los ojos. Christopher fue campeón de culturismo en su juventud y el que tuvo retuvo. Y vaya si retiene. Hunter ya lo sabe así que no es un secreto, pero es que estoy enamorado de su padre desde que venía a recoger a Hunter al colegio. Por suerte él no lo sabe (o a lo mejor ahora ya sí) y me trata con toda normalidad. Si él supiese los pensamientos que me pasan por la cabeza cada vez que lo tengo delante no me trataría con tanta naturalidad.

Dejamos a Christopher en la calle Desengaño, que iba a cenar al ‘Public’ con unos representantes de cosas de culturistas y nos fuimos hacia Majadahonda. Llegamos a casa de Kristoff y aquello estaba ya tomado por sus múltiples pandillas de amigos. Normalmente la gente tiene una pandilla de amigos, pero Kristoff tiene como tres o cuatro y cada una compuesta de treinta componentes. El truco es no discriminar, así que en sus fiestas te puedes encontrar a tres esquizofrénicos compartiendo sofá con un ex-seminarista del OPUS y dos chonis lesbianas cajeras del Lidl.

Últimamente Kristoff tiene un peligro nuevo a añadir a su lista de peligros (que ya relataré otro día). Y es que desde hace un año o así dedica todos sus esfuerzos a aumentar su colección de Barbies de coleccionista. Esto se traduce en que te puede estar horas y horas taladrando con las Barbies que tiene, las que ha encargado por e-Bay, las que ya están volando hacia aquí y las que quiere. Ahora ha hecho un vídeo que ha colgado en Youtube enseñando toda su colección de Barbies… una por una.

Alexandra también es un fan loca de las Barbies de colección, así que se entendió muy bien con Kristoff. Se pasaron la noche viendo las Barbies que Kris tiene expuestas en una sala especial en su casa. Después de salir de esa habitación, empecé a darme cuenta de que Alexandra estaba muy rara. Como ida. Con la cabeza en otra parte. Le pregunté qué le pasaba y me dijo que se le había cruzado un pensamiento muy nefasto (incluso nefastísimo) por la cabeza. Como los pensamientos nefastísimos hay que o bien realizarlos o bien exorcizarlos mediante la palabra le dije que me lo contase, que no iba a juzgarla. Me llevó a un aparte y me dijo que había estado tentada a robar una de las Barbies de Kristoff. Una Barbie de colección que representaba a Elizabeth Taylor en la película ‘Cleopatra’. La había visto y había sentido la necesidad de poseerla, que la cara estaba muy lograda y parecía la mismísima Taylor en tamaño compacto. Le quité la idea de la cabeza, que nosotros sólo robamos a los enemigos. Además, que seguro que Kristoff tiene todo un entramado montado para detectar cualquier movimiento en la sala de las Barbies. Se le pasó el arranque hurtador, pero me pidió que la acompañase a ver la Barbie Cleopatra otra vez, para despedirse de ella. Aunque le tengo alergia a esa maldita habitación accedí, que vi que tenía que vigilarla, que esta se nos metía la muñeca en el bolso Fendi y se fugaba a Paraguay.

Despistamos a Kristoff y nos metimos en la habitación. Allí estaban todas colocadas en estanterías y dentro de sus cajas, que se ve que así tienen más valor. Alex necesitaba coger la Barbie de sus deseos y sacarla de su caja (para tocarle el vestido decía ella en uno de sus delirios). Le dije que no, que era muy peligroso, pero me miró con cara de psicótica y supe que debía dejarla. Se subió a una banqueta para acceder a la Barbie Cleopatra cuando resbaló, se apoyó en la estantería para no caerse, con tan mala pata que la estantería se vino abajo y un alud de Barbies nos cayeron encima, sepultándonos vivos. Pensé que moríamos allí mismo entre Barbies Cleopatras, Barbies Scarlett O’Hara y Barbies CatWoman. Me vi como en la película ‘Viven’, sobreviviendo comiéndome las patas de plástico de la Barbie Donatella Versace. Obviamente tal estruendo captó la atención de Kristoff y sus invitados, que nos descubrieron con las manos en la masa.

Pero las consecuencias del cataclismo las dejamos para otro momento.

xoxo

Blake

Escrito por alexblakehunter

Junio 23, 2008 a 12:06 am

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Body Bell

con 2 comentarios

El sábado por la tarde, Blake y yo pasamos a buscar a Hunter a su casa para acompañarle a comprar cosméticos, porque Huntie ya ha acabado los exámenes y nos había pedido que por favor lo acompañásemos a celebrarlo al “Body Bell” con un shopping spree. Y allá que nos fuimos los tres moviendo el esqueleto Bravo Murillo para abajo (para arriba no nos gusta mucho por los cambios culturales que se experimentan más allá de la glorieta de Cuatro Caminos, o Four Ways como la hemos bautizado nosotros). La verdad que pocas veces hemos traspasado la frontera del McDonalds de Four Ways, el motivo no lo diré en este blog por ser “políticamente correcta” (aunque odio esa expresión). Sólo os diré que para irme de safari prefiero irme a Tanzania, como ya hice hace años con mi madre.

Bueno, el caso es que Huntie nos llevó al Body Bell y allí el pobre nada más entrar se nos volvió medio loco. Gritó “quiero gastar mi sueldo de este mes en cosmética”. Y claro, las dependientas del lugar (que yo siempre me imagino que se llaman “Charo”, “Conchita” o cosas por el estilo) nos rodearon como caimanes hambrientos. Además de por la comisión de una venta bien gorda, por los ojos azul turquesa de Huntie, que pestañeó un par de veces y ya tenía a la encargada encima con el manido “¿en qué puedo ayudarte, cielo?”. Odio a la gente que te llama “cielo”, “cariño” o “reina” (como mi jefa, de la que hablaré en otro momento), pero Hunter parecía estar encantado.

Después de dos horas en las que Blake y yo nos dedicamos a activar el Bluetooth a ver si nos reíamos de alguien, Hunter se compró:

- Las cremas Aqualia Thermal de vichy y la Thermal Fix, que le encantan y no son nada caras.

- Un bote de agua termal, que ya llega el veranito y hay que combatir los calores y las irritaciones del sol.

- Un gel limpiador desincrustante de Loreal para probarlo que estaba bien de precio.

- El body milk Lipidose de Vichy porque está harto del Nutrilift de Loreal que según Huntie deja “un olor super sintético al cabo de unas horas, como el olor que deja el blandiblub en la piel”.

- Y al final la Conchita se portó bien, porque además le regaló un cacao de Caudalie que es una marca buenísima que basa sus productos en un concentrado de uva cabernet sauvignon.

Idolo!

Yo de mayor quiero ser como Hunter…

A Blake y a mí nos dieron unas muestras de crema barata de esa de Babaria Rosa Mosqueta, como para quitarnos de enmedio, como cuando a los niños que no han molestado les dan un caramelo. Y queríamos una muestra de perfume. ¡Serán putas las dependientas de perfumería que o no te dan nada o te dan muestras de mieda!. Basura. Si lo llego a saber mango algún botecito de algo.

Lo que pasó después y el accidente con las Barbies no seré yo quien os lo cuente, mejor se lo dejo a Blake, que para ser mi primera entrada en el blog ya me he agotado de tanto teclear y creo que se me ha roto una uña. Voy a llamar a Hunter para que me aconseje sobre el Nails Bar, que me ha dicho que te hacen una manicura de cine, ya os contaré…

Hasta pronto!

Alex

Escrito por alexandraspectra

Junio 22, 2008 a 11:56 am

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Primeras reacciones al blog

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Este blog sólo tiene un día de vida y ya empieza a crear problemas. Somos la Aída Nizar de los blogs. Love it!

Si hay algo que debéis saber de Hunter es que es un bocazas (sorry, man). No hay secreto que sobreviva cuando cae en sus manos. Hunter se mete a director de la CIA y al día siguiente nos monta la Tercera Guerra Mundial. La cuestión es que está excitadísimo con la idea del blog. Se ha pasado toda la noche del sábado diciendo que no va a parar hasta que nos hagamos famosos y nos publiquen un libro con nuestras entradas como hacen con otros blogs. Que quiere firmar libros en la Feria del Libro, que si Aída Nizar puede, él también. Y qué mejor manera de conseguirlo que empezar a publicitarlo de manera extrema.

A la vuelta de la fiesta en casa de mi amigo Kristoff, Hunter se dedicó a llamar a todos los telefonillos de nuestra calle gritando el nombre del blog. Estaba tan Sue Ellen perdido que al final se olvidó del blog y sólo decía ‘Avon llama a su telefonillo’. Yo creía que nos iban a salir todas las putas brasileñas que viven en nuestra calle a tirarnos cubos de salfumán por la ventana. Suerte que todas estarían haciendo el descorche en el Budha Bar.

Y eso no ha sido lo peor. Como no podía ser de otra manera, la noticia ha llegado a oídos de nuestra vecina CheChé. Ha leído el blog y ha estallado la hecatombe. Parece que no le ha hecho mucha gracia que yo diga que se inventa las cosas. Alex me dijo que no quiere ni verme, que está muy dolida por reírme de ella. Que hasta va a montar turnos para no encontrarme en el ascensor, que como me vea me la lía y salimos en ‘Callejeros’. Melodramática a tope. Creo que a partir de ahora cada vez que entre en el portal voy a tener que ponerme bolsas de basura por si me tira agua o excrementos, como las vecinas locas de Valencia. Pero antes de declararme la guerra, CheChé me contó cómo su amiga Crystal había dado con sus huesos en el hospital el viernes por la noche.

Salía Crystal de la tienda de Amaya Arzuaga donde trabaja en dirección a su coche. Dentro del coche se descalzó y habilitó el asiento para estirarse un rato, que tenía la espalda hecha polvo de tanto servir a señoronas pijas. Cual fue su sorpresa cuando al cabo de un rato empezaron a aparecer fornidos hombres vestidos de traje dando golpes en el coche y obligándola a salir. Crystal parece que se vió en aquel momento siendo víctima de una gang bang en medio de Goya. Los misteriosos hombres de traje le pidieron su documentación, a lo cual ella accedió asustadísima. Tomaron sus datos, los introdujeron en un misterioso micro ordenador, hicieron las pertinentes comprobaciones y la dejaron tranquila. Crystal exigió saber a qué venía todo aquello y al final los hombres no tuvieron más remedio que decírselo: el mismísimo Rey de España andaba cenando por allí cerca y cuando la vieron medio escondida en su coche se pensaron que era una reycida dispuesta a acabar con la Corona Española. Presa del disgusto se metió en una cafetería a tomarse una tila, a ver si se le pasaba. Parece que la tila no fue lo suficientemente fuerte porque al cabo de media hora empezó a hiperventilar. En la cafetería se quedaron de pasta de boniato cuando vieron a una señora medio ahogada diciendo que ella no iba a matar al Rey. Llamaron a una ambulancia y la llevaron al hospital donde ella solita, tan acostumbrada que está, se autodiagnosticó un crisis de ansiedad. Y si la dejan hasta se escribe ella misma las recetas.

Los que también casi acabamos en el hospital fuimos Alex y yo el sábado por la noche cuando casi nos sepulta una colección entera de Barbies, pero dejaremos esa historia para otro rato.

xoxo

Blake

Escrito por alexblakehunter

Junio 22, 2008 a 10:18 am

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¡Liga por Bluetooth!

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Ayer me di cuenta que la tecnología no avanzaría si no fuese por el furor anal de la población homosexual masculina mundial. De ahí a preguntarme que si detrás de ciertos avances tecnológicos se esconde una poderosa y ancestral logia gay sólo había un paso. ¿Pero cómo llegué a esta conclusión?

Entraba por el portal cuando me encuentro emergiendo del ascensor con su habitual dramatismo a la mismísima CheChé. CheChé es nuestra vecina de arriba, que no estáis obligados a saberlo. Hacía semanas que no la veíamos, así que Alex y yo pensábamos que definitivamente la habían deportado (CheChé es venezolana). Menos mal que no tiramos adelante el plan de las camisetas “Save CheChé, chica” porque nos las tendríamos que haber comido.

Me dijo que iba a casa de una amiga suya a, atención, jugar al Final Fantasy en la PlayStation. CheChé debe tener como 40 años (probablemente muchos más, pero no seré yo el que se atreva a decir cuántos). Decidí que yo tenía que ver eso. El único escollo era que la amiga en cuestión, una tal Crystal, me caía bastante mal. La conocí un día en una fiesta en casa de CheChé y Alex, Hunter y yo nos pasamos la noche fabricando un muñeco de vudú de ella (verídico). Imaginaos lo mal que nos cayó. Pero como soy muy de segundas oportunidades (el mundo se habría autodestruido ya si no fuese por las segundas oportunidades) decidí acompañarla, reconciliarme con Crystal y de paso ver si le podía robar algo.

CheChé me explicó su misteriosa ausencia. Parece que conoció a un chulo griego en sus vacaciones en Cannes el verano pasado. El chulo griego, un tal Kit (que en griego significa “el portador de Cristo”, que es como si te poseyese el diablo pero en bien) quedó tan prendado de su carisma y sus tetazas (sobre todo lo último, para que nos vamos a engañar) que no la pudo olvidar. Así que, aprovechando un viaje de negocios en Madrid, se plantó en su casa, la medio secuestró y se la llevó a su casa en Ibiza. Dice CheChé que no le dio tiempo ni a hacer la maleta, pero que Kit le prometió que le compraría todo lo que necesitase. Cuando llegó a la casa de Ibiza Kit le dijo que tenía un armario lleno de ropa para ella. CheChé se volvió loca pensando que el griego había llamado a Donatella Versace y le había dicho “Envíame todo lo que tengas en el almacen, que no quiero que a CheChé se le enfríe el chichi”. Pero cual fue su sorpresa cuando descubrió que toda la ropa pertenecía a la difunta de Kit. Super Rebeca. Se pasó todo el viaje rociando con agua bendita los Vera Wang de la griega muerta.

Normalmente me suelo creer la mitad de lo que cuenta CheChé, así que pensé que lo más probable era que Kit fuese Paco, al que conoció vomitando en medio de la Gran Vía, y en lugar de a Ibiza se la llevó a Rascafría, pero me lo callé, que las venezolanas tienen muy mal pronto. Llegamos a casa de Crystal. Nos abrió la puerta una señora muy mayor con pinta de Magda, la amiga de Cameron Díaz en ‘Algo pasa con Mary’. Magda nos dijo que Crystal estaba en el hospital, que le había dado un disgusto en el metro, en plena parada de Tribunal (o sea, un ataque de ansiedad puro y duro).

Le dije a CheChé que yo no tengo PlayStation, pero que Alex y yo tenemos una ouija en casa. No es lo mismo, pero es más imprevisible. CheChé se negó en redondo, no fuese que le saltase la griega muerta para reclamarle los Vera Wang. Igualmente subimos a casa. Allí estaban Alex y Hunter. Hunter venía del veterinario con su gata Babs, que se ve que va vomitando como una loca por todas partes. El veterinario le dijo que lo más probable es que Babs coma alimentos prohibidos. Hunter se hizo el ofendido con el veterinario y le dijo que él no es un maltratador animal. Lo cierto es que sí que lo es, porque luego nos confesó que la atiborra de nubes rosas. Se sintió un poco culpable y yo también porque un día secretamente le di gominolas a Babs. Pero es que la pobre bendita se ponía tan contenta (tan contenta como se puede poner una gata arisca).

Para digerir los dramas del día, decidimos bebernos una bebida un poco asquerosilla que prepara Hunter, pero que dice él que te deja por dentro como si hubieses bebido un bote de KH7. Yo pasé del brebaje, no fuese que acabase vomitando como Babs y empezamos a contarnos nuestras cosas.

Hunter nos explicó algo que nos dejó alucinados (y que es de donde viene la introducción del post). Se ve que ahora la moda entre los gays que hacen cruising es ligar por el bluetooth del móvil. Es muy sencillo: te vas a una estación de tren, aeropuerto, centro comercial o lugar de paso de mucha gente. Cambias el nombre de tu móvil a algo como “Rubio Pasivo busca Activo” y te sientas a esperar a que alguien que te haya interceptado te mande un mensaje o hasta que detectes otro móvil buscando jarana. Excitados con semejante historia decidimos que ya teníamos plan para el viernes noche: irnos a Barajas a detectar mariquines haciendo cruising.

Cogimos el coche de Hunter (que conduce como en ‘The Fast an The Furious’) y nos plantamos en Barajas. Pusimos en el móvil de Alex: “Mulato 27 cms” y a esperar comiendo Cheetos. Y ahí seguiríamos esperando si no fuese porque llamó la madre de Alex y le dijo a su hija que estaba en Madrid con su novio y que quería verla para no sé qué rollo. La madre de Alex es un poco Joan Crawford en el libro de Christina Crawford, así que no podía hacerla esperar, no fuese que se liase a darle de azotes con los colgadores del armario.

Al llegar a casa me metí en la camita y me puse un capítulo de ‘Bold and Beautiful’ en mi Mac. Así tengo tema de conversación con mi madre cuando la llamo a New Haven. Y a la mitad del capítulo me quedé dormidito, que había tenido un día realmente asqueroso en el trabajo (que dejaremos para otro día)

xoxo

Blake

Escrito por alexblakehunter

Junio 21, 2008 a 4:28 pm

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Alex, Blake y Hunter

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Tras este título tan de telecomedia de los ochenta, nos encondemos nosotros: Alexandra, Blake y Hunter (no somos un dechado de originalidad para decidir títulos, pero tampoco nos quita el sueño, sinceramente).

Empezar un blog siempre es farragoso, así que vamos a ir al grano.

¿Por qué?

Cada día millones de bloggers aburren con sus vidas a la población mundial. Con lo cual la pregunta es ¿hace falta otro blog? Puede que nos odieis de entrada por decir esto, pero es que nuestras vidas no son aburridas. Y si nosotros no somos aburridos, ¿por qué iba a serlo nuestro blog? Lógica pura.

¿Quiénes?

Alexandra, Hunter y Blake. Sabemos que parecen nombres de estrellas del porno. Pero lo entenderéis mejor cuando os digamos que, aunque nos criamos en España, nacimos en Estados Unidos, hijos de padres estadounidenses. Ahora que caigo, nos podrían haber puesto Mildred, George y Joseph, pero eligieron ponernos nombres de… estrellas del porno.

Los tres nos conocimos en The American School of Madrid (“Si la escuela es americana y está en Madrid, ¿qué más necesitamos para ponerle un nombre?”, se dirían). Visto el resultado que dimos, nos podrían haber llevado a algún colegio público de Parla y haberse ahorrado el dinero para que la madre de Alexandra se operase algo más (lo siento, Alex, tenía que decirlo xD). Al menos nos sirvió para tener nuestra Prom Night (sí, amigos, tuvimos nuestra Prom Night en pleno Aravaca).

¿Qué?

Básicamente nuestra vida y alrededores. Que ya es mucho.

Así que, stay tuned.

xoxo

A-B-H

Escrito por alexblakehunter

Junio 21, 2008 a 3:18 pm

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