Alex – Blake – Hunter

Orgullosos de haber sido expulsados un trimestre entero

Viven

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Siempre he pensado que los coleccionistas son gente triste con un verdadero problema mental. En mi opinión la profesión psiquiátrica debería ponerse en marcha ya y buscar un medicamento para remediarlo. ¿Qué sentido tiene, por ejemplo, coleccionar muñecos Pez? ¿Qué cojones haces con ellos? Digo yo que para sacar provecho a tu obsesión tendrás que tocarlos y jugar con ellos cada noche antes de dormir, ¿no? Coges el muñeco Pez de, pongamos, Betty Boo, lo miras y te repites a ti mismo: “Tengo el muñeco Pez de Betty Boo”. Y entonces te vas a dormir tranquilo. La cuestión es que después de tanto años de despotricar contra los coleccionistas, el Hado Coleccionista decidió vengarse de mí y casi fenezco.

El sábado por la mañana me levanté bien temprano por culpa de la escandalera matutina que estaban montando la señora Tránsito (verídico) y su hija Filo, mis vecinas de al lado. Para que os hagáis una idea, si hiciesen una película de mi vecindario, los papeles de la señora Tránsito y la Filo los harían Chus Lampreave y Rossy de Palma. Las dos viven una tormentosa relación desde que a la señora Tránsito la atropelló un coche, se quedó paralítica y su hija Filo se vio obligada a cuidar de ella. Pensaréis que este suceso truncó la juventud y felicidad de Filo, una alegre mocita llena de vida e inquietudes que pasó a ser un personaje de La Casa de Bernarda Alba.

Nada más lejos de la realidad, la Filo es una frescales de aquí te espero. La tía tiene más vida sexual que todas las putas de Montera juntas. Es la Blanche Deveraux del barrio. Le ha puesto una peruana a su madre y cuando la peruana en cuestión llega, se coge el bolso, se pinta los labios color rojo vino y sale a la calle en busca de jarana. Normal que cuando llega a casa oliendo al Varon Dandy de sus conquistas y con las bragas en la mano su madre se la monte parda porque ella se ha pasado la noche aguantando a la peruana tocando ‘El Condor pasa’ con la harmónica.

Por si no hubiese tenido suficiente dinámica materno-filial aquella mañana, entran por la puerta Alex y su madre, Erica. El viernes noche la llamó y le dijo a Alex que estaba en la ciudad para el entierro de una amiga suya que había muerto resbalándose por las escaleras de su casa. Estuve a punto de preguntarle qué marca de cera de suelos usaba su amiga que te lo deja tan lustroso, pero no me pareció lo más oportuno.

Erica no me traga mucho, pero aprendió a hacerse la falsa cuando era reina de belleza en su juventud. Así que me miró como si yo fuese un juez de Miss USA y me dijo que estaba más fornido que la última vez que me vio. Me preguntó que si me entrenaba y yo le dije que sí, pero con el bocadillo de jamón serrano. La dejé tiesa allí mismo porque se pensaba que me iba a hacer un ovillo en un rincón al insinuarme que estaba más gordito.

Dejamos a Erica en casa y Alex y yo fuimos a hacer la compra al Cárrefour (sí, en esdrújula, que es como hay que pronunciar todos los supermercados, hipermercados y grandes superficies que se presten a ello). Alex no podía más con su madre. La había obligado a ir con ella al entierro de la resbalada y encima pretendía que fuesen juntas este verano a Mexico para reencontrarse como madre e hija. Alex aún no sabe qué hacer, pero yo le dije que tenía que aceptar, que la vida es muy corta y nunca sabes qué escalera encerada vas a pisar.

Por la tarde, después de ir a comprar cosméticos con Hunter, los tres nos dividimos y quedamos en encontrarnos más tarde para ir a la fiesta en casa de mi amigo Kristoff. Alexandra se fue a acompañar a su madre al aeropuerto, Hunter se fue con su novio Marco a casa de su padre a tratar unos dramas que tienen en el gimnasio que los tres llevan juntos, y yo me fui a ver si podía dormir un rato antes de la fiesta.

Acicalados y con el chichi lavado, Alexandra y yo esperamos la llegada de Hunter, que nos iba a llevar en su coche de The Fast and The Furious a casa de Kristoff, que vive en Majadahonda. Cual fue mi sorpresa cuando veo que llega con él Christopher, su padre. Cada vez que veo a Christopher me convierto en una niñita tonta de trenzas y piruleta en la boca. No me atrevo ni a mirarlo a los ojos. Christopher fue campeón de culturismo en su juventud y el que tuvo retuvo. Y vaya si retiene. Hunter ya lo sabe así que no es un secreto, pero es que estoy enamorado de su padre desde que venía a recoger a Hunter al colegio. Por suerte él no lo sabe (o a lo mejor ahora ya sí) y me trata con toda normalidad. Si él supiese los pensamientos que me pasan por la cabeza cada vez que lo tengo delante no me trataría con tanta naturalidad.

Dejamos a Christopher en la calle Desengaño, que iba a cenar al ‘Public’ con unos representantes de cosas de culturistas y nos fuimos hacia Majadahonda. Llegamos a casa de Kristoff y aquello estaba ya tomado por sus múltiples pandillas de amigos. Normalmente la gente tiene una pandilla de amigos, pero Kristoff tiene como tres o cuatro y cada una compuesta de treinta componentes. El truco es no discriminar, así que en sus fiestas te puedes encontrar a tres esquizofrénicos compartiendo sofá con un ex-seminarista del OPUS y dos chonis lesbianas cajeras del Lidl.

Últimamente Kristoff tiene un peligro nuevo a añadir a su lista de peligros (que ya relataré otro día). Y es que desde hace un año o así dedica todos sus esfuerzos a aumentar su colección de Barbies de coleccionista. Esto se traduce en que te puede estar horas y horas taladrando con las Barbies que tiene, las que ha encargado por e-Bay, las que ya están volando hacia aquí y las que quiere. Ahora ha hecho un vídeo que ha colgado en Youtube enseñando toda su colección de Barbies… una por una.

Alexandra también es un fan loca de las Barbies de colección, así que se entendió muy bien con Kristoff. Se pasaron la noche viendo las Barbies que Kris tiene expuestas en una sala especial en su casa. Después de salir de esa habitación, empecé a darme cuenta de que Alexandra estaba muy rara. Como ida. Con la cabeza en otra parte. Le pregunté qué le pasaba y me dijo que se le había cruzado un pensamiento muy nefasto (incluso nefastísimo) por la cabeza. Como los pensamientos nefastísimos hay que o bien realizarlos o bien exorcizarlos mediante la palabra le dije que me lo contase, que no iba a juzgarla. Me llevó a un aparte y me dijo que había estado tentada a robar una de las Barbies de Kristoff. Una Barbie de colección que representaba a Elizabeth Taylor en la película ‘Cleopatra’. La había visto y había sentido la necesidad de poseerla, que la cara estaba muy lograda y parecía la mismísima Taylor en tamaño compacto. Le quité la idea de la cabeza, que nosotros sólo robamos a los enemigos. Además, que seguro que Kristoff tiene todo un entramado montado para detectar cualquier movimiento en la sala de las Barbies. Se le pasó el arranque hurtador, pero me pidió que la acompañase a ver la Barbie Cleopatra otra vez, para despedirse de ella. Aunque le tengo alergia a esa maldita habitación accedí, que vi que tenía que vigilarla, que esta se nos metía la muñeca en el bolso Fendi y se fugaba a Paraguay.

Despistamos a Kristoff y nos metimos en la habitación. Allí estaban todas colocadas en estanterías y dentro de sus cajas, que se ve que así tienen más valor. Alex necesitaba coger la Barbie de sus deseos y sacarla de su caja (para tocarle el vestido decía ella en uno de sus delirios). Le dije que no, que era muy peligroso, pero me miró con cara de psicótica y supe que debía dejarla. Se subió a una banqueta para acceder a la Barbie Cleopatra cuando resbaló, se apoyó en la estantería para no caerse, con tan mala pata que la estantería se vino abajo y un alud de Barbies nos cayeron encima, sepultándonos vivos. Pensé que moríamos allí mismo entre Barbies Cleopatras, Barbies Scarlett O’Hara y Barbies CatWoman. Me vi como en la película ‘Viven’, sobreviviendo comiéndome las patas de plástico de la Barbie Donatella Versace. Obviamente tal estruendo captó la atención de Kristoff y sus invitados, que nos descubrieron con las manos en la masa.

Pero las consecuencias del cataclismo las dejamos para otro momento.

xoxo

Blake

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Written by alexblakehunter

junio 23, 2008 a 12:06 am

Publicado en Uncategorized

3 comentarios

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  1. Tengo que reconocer que la Barbie Cleopatra está fenomenalmente conseguida. Pero de ahí a tener un brote psicótico y organizar la que organizásteis hay un trecho majas. Kristoff no os va a volver a invitar a su casa, ya sabéis que para él son mucho más importantes sus Barbies de colección que vosotras. Y por favor… ¡compórtate…es mi padre! Mi padre no puede atraer sexualmente a nadie y menos a un amigo mío. Zorra!

    hunterfox

    junio 23, 2008 at 6:58 am

  2. Cierto, como Kristoff mismo dijo “Ahora lo único que me preocupa son mis Barbies” :-S El día en que tu padre baje la guardia me convierto en tu madrastra xD

    blakecarradine

    junio 23, 2008 at 9:07 am

  3. :O

    hunterfox

    junio 23, 2008 at 9:32 am


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