Alex – Blake – Hunter

Orgullosos de haber sido expulsados un trimestre entero

El bakala y la americana

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El domingo por la mañana, para quitarnos el disgusto de encima (recordad que casi morimos sepultados por las Barbies de mi amigo Kristoff), Alexandra y yo decidimos tomar las calles de Madrid. Queríamos ponernos morenos, que ya estábamos tardando. Alexandra (que debe tener algún gen africano suelto por ahí) se pone morena en milésimas de segundo, pero yo (que debo tener genes albinos) necesito horas y horas de sol y, aún y así, el bronceado me desaparece en un plis.

Llamamos a Hunter, pero me dijo que estaba con Melissa Sue, su prima, en La Latina. Pero que se apuntaba si hacíamos algo esa misma tarde. También llamé a Kristoff para hacerle un poco la pelota, que la noche anterior lo habíamos dejado un poco molesto con nosotros, por vándalos. Obviamente saltó el contestador.

En el mundo de Kristoff, el día siempre empieza a las dos de la tarde y acaba a las seis de la mañana. Indistintamente de si es lunes, sábado o fiestas de guardar. Vamos, como si fuese de la pandilla de Paris Hilton. El desayuno para él no existe. Cuando salta de la cama, tiene la comida en la mesa y sobre las dos o tres de la madrugada se prepara una especie de re-cena para continuar la tralla el resto de la noche. Ésta comida suele desafiar toda lógica y sentido común. Un día tuvieron que llevarlo a urgencias porque decidió combinar una lata de mejillones con turrón Antiu Xixona. A lo mejor Ferran Adrià te los junta y te cobra el plato a 6.000 euros, pero a Kristoff casi lo mata.

Alex y yo nos plantamos en la Plaza Dos de Mayo, una de nuestras favoritas. Nos sentamos y nos dedicamos a observar la fauna allí congregada, que suele ser muy curiosa: los vendedores del piojoso mercadillo allí montado, las veinteañeras con vestiditos ligeritos leyendo sus libros recomendados en el EP[3], los abuelos orientales haciendo yoga,… Nada más llegar vaciamos el bolso de Alexandra, que guardaba nuestros protectores solares y nuestras Ray Ban Wayfarer, que están a un mes de pasar de moda. Sólo esperamos que no sean sustituidas nuevamente por las gafas de marica de Ibiza o las de soldadora lesbiana que hicieron populares la Pantoja y Rocío Jurado.

Mientras cogíamos nuestro primer melanoma del 2008, Alexandra me contó la llamada de su madre esa misma mañana. Le dijo: “Hija, he llegado sana y salva a New York”. Desde el 9/11, Erica tiene miedo a volar, pero sólo la ruta Cualquierpartedelmundo-New York. Cada vez que el piloto anuncia que están próximos a New York ella empieza a ver terroristas islámicos por todas partes levantándose y tomando los mandos del avión. Ella ya puede volar a Bagdag que va la mar de tranquila, pero es acercarse a New York y es entrar en pánico. Como se conoce, nada más despegar se toma un Trankimazin y se pasa las 8 horas del vuelo inerte. Ya puede aparecer un terrorista de verdad que ella sigue roncando como una cerda. También le contó que Arkadiy, su novio ruso, había llegado pedo al JFK. Se ve que le había pillado gusto al tintorro y no paraba de pedir botellines de vino. Hasta las simpáticas aeromozas de American Airlines reprobaban con su mirada la actitud de Arkadiy. Imaginaos el numerazo cuando estos dos se bajaron del avión, una zombie y el otro borracho dando tumbos.

Alexandra estaba hambrienta y deshidratada, así que como el caballero que soy, me fui a unos chinos a comprar cualquier basura. Al llegar me encontré a la china dependienta fuera de sí y a un señora fuera de sí, de no y de todo. Mientras le pillaba una Coke Light a Alexandra y unos Cheetos amarillos, puse la oreja y parece que la china intentó venderle a la buena mujer un bacon que según la señora: “Era de gato lituano”. Cuando escuché esto no pude evitar soltar una carcajada. A veces no soy consciente y pienso que la vida es una sit-com, así que para mí no es nada malo proveer de risas enlatadas la escena. No lo entendieron así la china y la española y ésta última me espetó un “¿Qué te hace gracia?”. Sincero, le dije que lo del gato lituano. Me miró unos segundos, se giró y le siguió montando la de aquí te espero a la china. Lo mejor del caso es que había otro chino que pasaba de los gritos y sólo miraba embobado una extraña telenovela china… subtitulada en chino.

Al llegar a la plaza, un descamisado con un perrito muy simpático estaba dándode el coñazo a Alexandra que, muy educada, le seguía la corriente. Yo llegué y Alexandra soltó: “Ah, aquí está mi novio”. El descamisado se desinfló y se fue con su perrito a otra parte. Poco duramos en la plaza porque estábamos al borde de la insolación, así que volvimos a casa arrastrándonos, que a mí el calor me baja la tensión.

Por la tarde recibimos la visita de Hunter, que venía con su prima Melissa Sue y el novio bakala de Melissa Sue, Sergio.

Melissa Sue sólo hace un año que vive en Madrid. Es la típica americana que llega a España y se vuelve loca del coño. Melissa vino a España para conocerla unos mesecitos mientras estudiaba no sé qué y decidió quedarse a vivir. Desde ese momento ella no conoce el sueño. Sale de lunes a domingo. Y al día siguiente sigue teniendo la misma cara de rosa fresca con gotas de rocío que tenía por la mañana. Se emborracha, folla y vuelve en taxi a casa cada noche (Melissa nunca coge el suburbano ni los autobuses, sólo taxis). En una de estas conoció al tal Sergio, un bakalita de Parla muy saladín. No pegan ni con cola. Entre el español ortopédico que habla ella y el bakalense que habla él, ahí no hay nadie que los entienda, pero parece que se quieren a juzgar por las explícitas muestras de cariño que se profesan.

Melissa y Sergio nos contaron que estuvieron comiendo en La Latina, en un restaurante llamado ‘La Musa’. Se ve que hay una camarera argentina supermisógina que maltrata a las mujeres. Dicen que es tan obvio, que si en una mesa hay mujeres y hombres, a las mujeres ni las mira y les habla muy seca, pero que si hay un hombre se derrite y hasta se te sienta contigo en la silla (¿?). A un par de alemanas que había allí sentadas les dejó las cervezas en la mesa con tan mala leche que hasta les salpicó y todo.

Hunter se horrorizó porque me había puesto como una gamba. Decía que sólo me faltaban las sandalias con calcetines. Le dije que a ver de qué otra manera me iba yo a poner moreno. No sé para qué le dije yo nada. Sacó de su bolsa el autobronceador de Clarins que él usa. Es una maravilla, viéndolo a él. Inocente de mí yo pensaba que estaba así de moreno de los UVA, pero se ve que se aplicó el Clarins por la noche y ahora estaba que ni Ricardo Montalbán. También nos dijo que si queríamos podíamos ir al California Tan, un lugar donde él va, te encierran en un zulo mientras unas mangueras terroríficas te rocían con productos químicos. A mí eso me suena a baño de desinfección de cárcel turca, así que le dije que pasaba, que seguiría probando con el método tradicional.

Pusimos una película de la que Hunter es fan. Se llama ‘Eating Out 2’. No habíamos visto la primera, pero no hacía falta. Realmente tampoco hacía falta ver la segunda si no fuese por la presencia de un tal Marco Dapper, un modelo/actor (más modelo que actor, para qué nos vamos a engañar) que estaba que daba apuro mirarlo y todo. Intentamos sacarle defectos, pero no se podía. Sólo vimos que tenía los huevos demasiado colgones (y esto para según quién no será un defecto) y carillas en los dientes, pero no en plan Khandi Alexander, sino en bien.

Y el día acabó con la reconciliación más esperada del milenio: la mía con CheChé. Pero esto, mañana.

xoxo

Blake

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Written by blakecarradine

junio 24, 2008 a 3:31 pm

4 comentarios

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  1. Ay, Blake, nuestras tardes en la Plaza del Dos de Mayo nos van a convertir en los nuevos Ken y Barbie Malibú…Ni Clarins, ni California Tan ni nada, el sol de Madrid nos convertirá de gambas a princesas africanas!

    alexandraspectra

    junio 24, 2008 at 8:02 pm

  2. Sois imposibles. Vais a acabar como Farrah dentro de unos años, arrugas, resecás y llenas de manchas. Todo por no hacerme caso nunca.

    Alexandra yo a tu madre le tengo miedo. Creo que me odia. Me siento mucho más tranquilo sabiendo que ya está en NY. :S

    hunterfox

    junio 24, 2008 at 11:01 pm

  3. No soporto las Ray Ban Wayfarer, y menos las más atrevidas de dos colores, que espanto.

    Lo peor de todo es que quedan fatal de mal al 92% de la población, no se por que se empeñan en llevarlas. Hay que ser tremendamente guapo, entonce si, son divinas.

    No tengo novia

    junio 25, 2008 at 10:03 am

  4. En efecto, No tienes novia, tú mismo lo has dicho: al menos a mí no me quedan fatal porque soy tremendamente guapo. Obviamente las más atrevidas de dos colores ni olerlas.

    Hunter, Erica es como Godzilla, un día destruirá NYC, Tokyo y hasta Parla si se le pone por delante.

    blakecarradine

    junio 25, 2008 at 10:10 am


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