Alex – Blake – Hunter

Orgullosos de haber sido expulsados un trimestre entero

Archive for julio 2008

What Happens Now?

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Sabemos que hemos estado muy ausentes estas semanas y que, probablemente, nuestros lectores nos hayan olvidado y abandonado por algún blog de chueca.com o algo peor, si es que lo hay. No importa, hemos vuelto con múltiples novedades, historias bizarras y amoralidad a tope.

La otra noche, después de contarnos las anécdotas y enseñarnos las fotos de nuestros viajes (Alex estuvo en México, yo en Miami -y New Haven- y Hunter en Canarias y Ojos Negros, un pueblo con nombre de lugar donde todo puede ocurrir y, de hecho, ocurrió) los tres nos pusimos a ver vídeos de YouTube, que es la nueva forma de ver la tele en nuestros días.

Nos encanta porque deseamos algo, chasqueamos los dedos y ahí lo tenemos. Imitando un poco a CheChé y a la loca de Crystal nos pusimos a ver todos los vídeos de aquellos hits del pasado que incluían una cutre coreografía. Nos pusimos el YouTube bien alto y empezamos a bailar desde la Macarena hasta el Saturday Night pasando por el Aserejé y demás. He de decir que estos bailes me superaban en su época y me superan aún ahora. Mira que las coreografías estaban hechas hasta para que mi madre las pudiese bailar y parecer Coco de ‘Fame’, pero yo es que parecía Marcos de ‘Fama, a bailar’. No se puede tener el chichi más descoordinado. El día en que nos dé por modelar en el pasillo de mi casa seguro que lo hago peor que Raquel de ‘Supermodelo 2007’. Eso sí, Alexandra lo hacía mejor que Las Ketchup. Y Hunter…bueno, Hunter se hartó a la altura de la jura de bandera del muchacho, se sentó en el sofá, sacó un cigarro y empezó a fumar como si fuese Bette Davis. Nos miraba mal y todo.

Por el camino nos encontramos un vídeo clip de ‘La Bola de Cristal’ de un grupo llamado Vocoder. Nos quedamos fascinados. Tanto que queremos hacer un remake, pero vedlo, vedlo.

Como podéis ver, el hit ‘WaHt Happens Now?’ (¿no había nadie en Torrespaña que supiese un poco de inglés para corregir la falta de ortografía? ¿Lolo Rico maybe? ¿Alaska? ¿Kiko Veneno? ¿La Bruja Avería?) está grabado integramente en un supermercado Hipercor. Como somos muy de fijarnos en los backgrounds, sacamos una serie de conclusiones sobre los supermercados de los ochenta. A saber:

– Eran realmente deprimentes. No sabemos si porque aún España no era un país moderno (porque no lo era), pero parecía que la experiencia de ir a comprar tenía que ser dolorosa, como cuando vuestros abuelos iban con la cartilla de racionamiento a que les diesen leche en polvo (los míos estarían en alguna granja del Midwest haciendo pastel de manzana, que sé yo). Si no no me explico esa iluminación tétrica, esas, por Dios, baldosas blancas en la pared como de morgue, esas hortalizas pintadas en la pared.

– La ciudadanía de antaño no sabía muy bien cómo reaccionar ante una cámara. No te digo yo si te pillan por la calle, que es normal que te quedes así como tonto con una cámara de televisión, pero que si ves que están grabando un vídeo clip (o lo que fuese eso) pues disimula, haz como que compras, como que miras el género, no sé, pero no te quedes como atontao en el fondo mirando. ¡Simula naturalismo, coño! El único que pareció entenderlo es el viejete que sale al principio que, un tanto impasible ante todo lo que allí estaba sucediendo, se coge sus bolsas y empieza a meter la compra sin prestarles mucha atención.

– No sabíamos que ya se vendían las verduras y la fruta en paquetes previamente precintados. Pensábamos que eso es una modernez de hace pocos años. Pues no, en las incontables escenas que suceden en la sección de fruta y verduras, podéis ver los paquetes de zanahoria. Hunter, muy sociólogo él, indicó que probablemente esa era un signo de la modernidad y el desarrollo que en España empezaba a despuntar. Sabemos que el desarrollo econónico de España empezó en los sesenta, pero no nos gustan las décadas anteriores a los ochenta. Nuestra teoría es que el mundo empezó en los ochenta y todo lo sucedido anteriormente ha sido implantado como recuerdos falsos en nuestros cerebros por un malvado y gigantesco ordenador Spectrum de esos que iban con cassette.

Después de celebrar a Vocoder en Hipercor, nos propusimos una nueva aventura: hacer un remake de ‘Waht Happens Now?’ en el 2008.

El problema es que no podemos usar el Hipercor, porque ahora es alegre, luminoso y las paredes no son de baldosas blancas. Y seguro que la gente ni nos mira, que ahora a la gente le suda el coño una cámara. Pero dimos con la solución: el Lidl.

El Lidl no es alegre. Su iluminación, depende de en que sección (mayormente en la de carne y productos frescos) es escasa. Tiene zonas superlumpen, como la parte en la que venden ropa y aparatos eléctricos. Normalmente tienen la ropa fuera de las bolsas por ahí tirada. Esto es genial porque en la grabación del videocrins (como dice mi vecina Tránsito) podemos ir avanzando en el carrito de compra mientras nos vamos probando los chándals de tactel, por ejemplo.

Después tenemos a sus cajeras latinas, que nos encantará que nos persigan gritándonos: ‘Ustedes no pueden grabar un vidéo musicalisado sin permiso, váyanse’. O, en su defecto, el guardia de seguridad correrá detrás de nosotros resoplando y sudando, con la camisa medio fuera del pantalón gritando ¡¿Quiubo, quiubo?!’. Esto vendría a sustituir a la ciudadanía que flipa en el vídeo de Vocoder.

El final del vídeo será en plena calle, al lado del container donde los del Lidl tiran la comida pasada del día. Nos encanta este momento del día porque al primer pollo que cae dentro del cubo de basura, ya hay una marabunta de pueblo llano que se tira encima de él. Estamos por proponer a toda esta gente (ancianas, hippies, locas con gatos, yonquis) que nos hagan la coreografía de fondo del vídeo, como en los musicales de la MGM cuando la cámara se eleva y nos muestra a todo el mundo en medio de la calle bailando y cantando.

Así que estad atentos, porque pronto veréis nuestro remake en el YouTube.

Y próximamente, más.

xoxo

Blake

Written by blakecarradine

julio 23, 2008 at 1:21 pm

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El sótano del miedo y Milagritos la gótica

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Y seguimos con Kristoff, fuente inagotable de anécdotas hoy, ayer y siempre. Y hoy, por primera vez, hace su aparicion Lilith, la novia de Kristoff (sí, su novia).

Este domingo es el cumpleaños de Kristoff. Como todo gran evento conlleva organizar los preparativos con meses de antelación. El más importante: elegir su regalo. Pero con Kristoff no tienes que romperte la cabeza para saber qué regalarle. Él mismo elige su propio regalo por ti. Como no puede ser de otra manera, este año sólo quiere que le regalemos Barbies de colección. Cuando le dio por las action figures de superhéroes sólo aceptaba Batmans, Lobeznos paquetones o Tomentas. Si osabas regalarle una colonia te la rompía en la puta cara. Este año igual. Pero este cumpleaños ha decidido que la Barbie que le tienes (‘tienes’, palabra clave) que regalar tiene que estar relacionada contigo.

Kristoff tiene una cómplice en su locura: su novia Lilith. Lilith se llamaba María de los Milagros pero para una gótica llamarse así es una vergüenza, así que se lo cambió por Lilith. Ahora en su DNI pone Lilith Morcillo, que no suena muy terrorífico, pero qué le vamos a hacer. Yo a veces me despito y la llamo Milagritos, que es como la llamábamos antes de volverse demonia, pero ella como si oyese llover. Ya le puedes decir “¡Milagritos, corre, que tu látex negro está ardiendo!”, que ella no se reconoce y se queda impávida.

Obviamente os estaréis preguntando cómo es que Kristoff tiene novia cuando hace dos días estaba meando a un señor con una correa de perro puesta. Ellos son novios, pero sólo en teoría, vaya. No hacen usufructo del matrimonio, digamos. Son los Alaska y Mario Vaquerizo de Majadahonda. Resulta que han intentado muchas veces buscar novios ambos dos, pero nadie parece encajar en sus peculiares vidas. Hasta que un día se dieron cuenta que estaban hechos el uno para el otro. Y ahí están.

A Lilith también le apasionan las Barbies. Yo pensaba que para una gótica las Barbies son el demonio (o Jesucristo, en su caso) y que donde se ponga una Emily The Strange que se quite esa muñeca feliz y bronceada. Pero ya véis que no podéis dar nada por hecho en el universo Kristoff-Lilith. Milagritos, perdón, Lilith ha decidido ir un paso más allá y ha montado un negocio. Compra Barbies por e-Bay y luego las vende. Las guarda todas en su casay ahí es donde Kristoff y Lilith nos tendieron una trampa.

Invitaron a todos sus amigos a casa de Lilith (por separado, para no levantar sospechas, y bajo diferentes excusas) y allí nos encontramos todos. Parecía una novela de Agatha Christie. En cualquier momento me esperaba que cerrase las puertas y las ventanas y no pudiésemos salir nunca más. Como en ‘El Ángel Exterminador’. El terror fue en aumento cuando Lilith (vestida con corpiño rojo, botas New Rock y con lágrimas de sangre dibujadas en la cara…WTF?) nos hizo bajar uno a uno al sótano. Lo peor de todo es que los que bajaban al sótano no volvían nunca. Llevaban cinco amigos sin aparecer cuando me tocó bajar a mí. Y ahí me tenéis bajando a un sótano oscuro con el tembleque en las piernas. No es que piense que el gótico es un ser peligroso (y si lo es, lo es consigo mismo cuando le da por abrirse las venas), pero yo es que me espero cualquier cosa de una persona capaz colgar en su cuarto miembros disecados de Azufre, su gato negro suicidado (se arrojó bajo las ruedas de un Seat León el verano pasado sin venir muy a cuento).

Lilith abrió la puerta y os juro que las bisagras crujieron como en las películas de la Hammer (o no, pero fijaos lo aterrado que estaba). Cerré los ojos y cuando los abrí esperaba encontrarme una orgía satánica de sangre, pero no. Aquellos parecía Disneylandia. Todo el mundo reía. Había luz. Fantasía. Y Barbies. Muchas. Descubrí que el sótano es el almacén de Barbies de Lilith, listas para su venta. Allí estaba Kristoff con los ojos en blanco de placer (y los otros cinco desaparecidos). Kristoff me dijo que debía elegir una Barbie de todas aquellas para regalarle. Vaya, como en las bodas. Esa era su lista de bodas. Como cuando nuestras madres van a El Corte Inglés a comprar la picadora Moulinex a la prima Angelita que se casa.

Había preseleccionado tres para mí. Tres que, supuestamente, tenían que ver conmigo. Debía elegir una. No supe muy bien cómo tomármelo porque una era una especie de gata zorrón sentada encima de un zapato gigante (¿?), otra la Barbie Erica Kane (un personaje de soap opera) y, por último la Barbie Pilgrim (o sea, la Barbie Pionera americana), que fue la que elegí. No se podía pagar más tarde ni a plazos, así que amoché el precio de la Barbie allí mismo. Y ya me podía ir. Con mi Barbie a cuestas, claro, que se la tenía que envolver y dar el domingo como si aquella trampa en el sótano no hubiese tenido lugar nunca.

Más tarde me llamó Kristoff para preguntarme que si me había molestado la encerrona porque me había visto un poco serio. Yo le mentí un poco y le dije que no porque le había visto muy ilusionado y no soy quien para arrebatar las ilusiones de otro ser humano. Entonces es cuando me soltó algo que me dejó sobrecogido: estaba en terapia para quitarse del vicio de las Barbies. Muerto me dejó. Estaba yendo a la psicóloga porque veía que aquello estaba yendo demasiado lejos. Pero que cuando parecía que estaba haciendo progresos aparecía Lilith con tres Barbies recién llegadas de Estados Unidos (y con la caja de caudales también, claro). Me dijo que Lilith es como los traficantes de drogas, que nunca te dejan escapar. Está atrapado en ese sótano lleno de muñecas horteras.

Y en los próximos días más.

Por cierto, Alexandra me ha dejado sólo en casa. Se ha ido con su madre, Erica, a México a reencontrarse como madre e hija y como hija y madre también. Como el reencuentro no sea el de Erica con Felipita, la criada a la que deportó de Estados Unidos hace tres años, no sé yo si va a haber otro.

xoxo

Blake

Written by blakecarradine

julio 8, 2008 at 3:14 pm

Kristoff en el cruising (y la Filo on fire)

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Sabemos que venís a este blog buscando homosexualismo y lesbiandad, poligonerío, cuarentonas psicóticas, violencia, delito, incesto,… y os lo vamos a dar. Como ya dije ayer, somos lo más parecido al ‘Esta noche cruzamos el Mississippi’ que podéis encontrar actualmente.

Ayer por la tarde Kristoff se pasó por Madrid y me llamó. Cuando salí del trabajo fui directo al Vips de Fuencarral, que es donde Kristoff me estaba esperando.

Como ya sabéis, la vida de Kristoff está dedica única y exclusivamente a su colección de Barbies. Es raro que Kristoff salga de su retiro en Majadahonda y menos para venir a una ciudad llena de peligros. Pero la ocasión lo valía. Había contactado con un coleccionista de Barbies tan loco como él que le había vendido la codiciada Madame DuBarbie (verídico), el nombre de una Barbie inspirada en la Francia de la época de María Antonieta. Venía contentísimo con ella y eso que había desembolsado nada más y nada menos que 200 eurales. Me extrañó que un coleccionista de Barbies se hubiese deshecho de la DuBarbie, pero el pobre necesitaba el dinero para la operación de la vista de su anciana madre. Me dijo Kristoff que le regateó y todo, que una cosa era la vista de una señora con un pie en la tumba y otra bien distinta una Barbie, que perduran casi eternamente. Así se comporta el coleccionista de Barbies, como un buitre. Intenté sacar la DuBarbie (que era pertardísima y rococó) de la caja pero, obviamente, Kristoff se puso nervioso y escondió la muñeca debajo de la mesa. Y para que me olvidase de la Barbie, sacó una de sus historias ‘en el cruising’, que sabe que me dejan clavado en el asiento.

Kristoff le tiene mucha afición a ir ‘al cruising’. Obviamente al cruising no se va, el cruising se hace, pero da igual, él te cuenta ‘Hoy he ido al cruising y se la he chupado a tres tíos, se la he metido a cinco y luego me he corrido en mi casa’.
Su zona de cruising favorita es una que está cerca de su casa, en una especie de bosquejo. Es como su segunda casa. Hasta le ha puesto nombre a las diferentes zonas del bosque. Por ejemplo, tenemos ‘el sembrado de los Kleenex’. Esta es una zona a evitar. Luego están ‘los bosques interiores’, que remiten a fantasías artúricas, pero sólo son cuatro árboles de mierda un poco más separados del resto, donde no hay tanto tránsito. Porque tránsito hay. Una vez estaba fela que te felarás cuando pasaron dos señoras y una niña recogiendo espárragos. A ver como explicaban luego las dos señoras a la niña que ese no era el tipo de espárragos que estaban buscando.

Él coge a su perra, Darkness (para que veáis lo torturado que está) y se la lleva con él al cruising. Es la perra que más pollas humanas ha visto en la historia de la Humanidad. Hasta los habituales de la zona lo conocen como ‘El Chico del Perro Negro’. Algunos son tan habituales que hasta montan tertulias entre folleteo y folleteo, se preguntan por las mujeres o critican a los otros habituales. Un mundo fascinante.

Su última historia fue este domingo pasado. Como siempre, cogió a Darkness y se la llevó a dar un paseo. Sabe que la hora ideal un domingo es después de comer. Los padres de familia se despiden de la señora y los niños y se van ‘a por tabaco’. El domingo por la tarde es el especial ‘Padres que juegan a fútbol sala los domingos por la mañana’. Se cruzó con uno de estos señores y empezaron el toqueteo. De repente, el señor le dice tímidamente: ‘Por favor, ¿podrías mearme?’. Como a Kristoff nada le sorprende ya, le dijo ‘Bueno, sí, pero espera que se me baje un poco la erección que, como todo hombre sabe, cuesta lo suyo mear erecto y cuando lo haces te sale el pipí en doble dirección’. Al cabo del rato, el buen hombre le dice: ‘¿Por favor, podrías ponerme la correa de tu perro?’. Y Kristoff, por supuesto, cómo no. Así llevaban un rato cuando el hombre, que por perdir que no quede, pensaría, le dijo ‘Oye, ¿podrías meterme un dedín por el culo? Tú tranquilo, que si lo sacas lleno de excrecencias yo luego lo chupo y listos’. Aquí a Kristoff se le removió un poco el estómago, pero lo hizo, que cuando empieza algo le gusta acabarlo. Kristoff acabó la tarde con el dedo muy limpio.

Ante esta historia se me abrían varios interrogantes. El peor de todos era qué iba a hacer este hombre ahora que iba meado y con la boca sucia. Pon que en el camino de vuelta a casa se encuentra con la mujer y los niños, que se le tiran encima buscando el besito de papá. No, hay que pensar las cosas antes de hacerlas, que en abstracto puede sonar muy bien la escatología (a quien le suene) pero en la práctica tiene una serie de inconvenientes y más si te da por practicarla al aire libre, sin un bañito cerca.

Dejé a Kristoff y me fui a casa a ver si me recuperaba de las imágenes mentales que me habían provocado su bizarra historia. Menos mal que ya venía sobresaltado, porque nada más llegar a mi portal me veo congregada a la policía allí junto con el típico coro de curiosos necesario en todo drama callejero. En un primer momento pensé que CheChé se había despeñado por el balcón en un movimiento mal controlado de la Wii Fit, pero cuando vi lo allí sucedido no me lo podía creer.

Mi vecina la Filo, ya sabéis, la hija de la señora Tránsito, putón verbenero una y paralítica la otra, estaba revolcándose (r-e-v-o-l-c-á-n-d-o-s-e) en la calle mientras su madre gritaba ‘¡Qué la encierren! ¡Por puta! ¡Por zorrón! ¡A ver si así le comen el chichi las bolleras y le dan su justo castigo por libertina!’ Cuando la Filo decidió dejar de revolcarse se tiró a la carretera y a punto estuvo casi de ser atropellada si no llega a ser por un agente de la ley. Aquí es cuando a la Tránsito le dio como un vahído y no se cayó desplomada, que estaba sentada, pero sí que se quedó con cara de lela. Al final se llevaron a la madre y a la hija al hospital, pero sigo sin saber qué ocasionó el brote psicótico a la Filo. Cuando me entere os lo digo.

xoxo

Blake

Written by blakecarradine

julio 3, 2008 at 8:28 pm

El bakala y la americana (II)

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Dejaremos mi viaje a Barcelona y lo allí acontecido para otro momento. Que para porno siempre hay tiempo. Ahora nos ocupan un drama homosexualístico-bakala, un muerto resurrecto y un incesto en la familia. Vamos, que ni en la época del ‘Esta noche cruzamos el Mississippi’.

Llego de mi viaje a Barcelona cuando me llama Hunter y me dice: ‘Código Rojo. Melissa Sue acaba de meter el DVD de ‘La Fuerza del Cariño’ en la PS3 que le regaló Sergio. Haz algo. Confío en ti’. Yo ya sabía que Melissa Sue y su novio bakala, Sergio, estaban al borde de la ruptura. No conocía los detalles porque Hunter se limitaba simplemente a decirme una y otra vez vía SMS: ‘¡Muy fuerte, muy fuerte!’. ¿Qué podía hacer yo para dentener ese Código Rojo? Pues presentarme en casa de Melissa Sue con tarta de queso, como en ‘Golden Girls’.

Como me imaginé, al llegar Melissa Sue estaba sudando de los dramas de Shirley MacLaine y su hija y, con una botella de booze en la mano, sólo acertaba a decir en su macarrónico español: ‘Marricón, es un marricón’. Estuve a punto de decirle que si era ahora cuando se enteraba que su primo era maricón llegaba un poco tarde, pero no. El marricón en cuestión era nada más y nada menos que Sergio, el bakala.

Que hay mariquitas que quieren ir de bakalas (con sus chándals, sus zapas, sus cadenones y su pluma mal disimulada) es una cruda realidad, pero que hay bakalas auténticos que son maricas es un hecho que hay que aceptar como buenamente podamos. Lo que yo no sabía es que Sergio era uno de ellos. La historia es que Melissa Sue le pilló el portátil a Sergio y le estuvo mirando el historial de navegación. Un clásico de la novia psicótica junto con el de chafardear los SMS del móvil. Melissa Sue descubrió que Sergio entraba en una misteriosa página llamada www.bakala.org. Como nos había escuchado a nosotros llamarlo bakala en su cara, Melissa Sue debió pensar divertida ‘Voy a ver a qué se refieren estos diablillos con lo de bakala’. Lo que ella no esperaba encontrarse era con perfiles de pollas tiesas, cortes de pelo a lo cenicero, corridas en zapas Nike Cortez y primeros planos de paquetones abultados en chándales militares.

Cuando Sergio, el pobre inadvertido, llegó de la fábrica se encontró el melodrama montado en casa. Melissa Sue había llamado a su amiga Kennetta, horiunda de Harlem (que estaba visitando Madrid, no es que hubiese pillado un vuelo directo NYC-Madrid sólo porque un bakala nos ha salido maricón). Kennetta estaba allí por si había que repartir leña, que al ser conductora de autobús en NYC ella sabe mucho de intimidar. Melissa Sue le montó el numerazo: que si se lo iba a contar a todos sus amigos de la fábrica y lo iban a rajar vivo por pasivorro (se ve que los perfiles más visitados eran los que tenían fotos de pollas sin cara), que si iba a mandar a su primo y a su amigo a partirle la cara (o sea, Hunter y yo, dos maricones más mariconazos que él)… El problema era que se lo soltó todo en inglés cerrado de Dakota del Sur. Vamos, que llevaban veinte minutos de griterío y Sergio no se había coscado de nada. Cuando al final se enteró se defendió alegando que le habían llegado rumores de que en esa página de maricones habían colgado el primer capítulo de una serie llamada ‘Chungo y Pelao’, basada en un cómic del mismo nombre, que también ofrecía ese página de invertidos. Defensor como es de su colectivo, entró en la página para ver cómo los habían desvirtuado y si le daba mucho asco lo allí expuesto, él y sus colegas el Tute, el Loco y el Cani iban a montar una expedición para partirle el rostro al autor. Mucho asco no le debió dar lo allí expuesto porque le escribía a un tal fuenla_sexo: ‘K pajots me exo kn l xungo i el pelao’.

Ya en casa pude ver el vídeo y os lo recomiendo, es muy divertido. El montaje de algunas escenas es superortopédico y uno de los bakalas se lía con una tía que se parece a Mimi, la otaku del Gran Hermano de hace un par de años, pero te partes la caja con los diálogos y las interpretaciones.

Y el resto de dramas de la semana, mañana.

xoxo

Blake

Written by blakecarradine

julio 2, 2008 at 7:37 pm