Alex – Blake – Hunter

Orgullosos de haber sido expulsados un trimestre entero

No wire hangers! Ever!

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Dice Blake que la madre de Alexandra es un poco como Joan Crawford en el libro de Christina Crawford. Y es cierto, pero yo hoy voy a hablar de mi madre, Nicole, que también se las trae, aunque, pobrecita, no tiene la culpa. Tener un marido como mi padre más que el sueño de una mujer es su pesadilla (aunque Blake sueñe todas las noches con él).

Mi padre, debido a su afición, el culturismo, era un hombre extremadamente vanidoso y bastante atractivo. Y un mujeriego. Mi madre lo quería mucho, la pobre, pero él le daba mala vida.

Yo crecí en un suburb de New Haven y desde muy pequeño fui consciente de que mi padre llevaba una doble vida. Básicamente no podía evitar sucumbir a su pasión por las mujeres y sé que se tiraba todo lo que pillaba. Él ahora es un hombre de negocios que posee una importante cadena de gimnasios pero por aquel entonces tenía un modesto gym en Connecticut. Ahí se pasaba el día ligando con las clientas, y mi madre en casa de abnegada housewife.

El caso es que mi madre se fue deteriorando física y mentalmente llegando al punto de hacerse alcohólica y adicta al Xanax (es como llaman allí al trankimazin) y una verdadera maniática del orden y de la limpieza. No podíamos sentarnos en los sofás tres días antes de recibir una visita o venía con el gin-tonic y el cigarro en la mano gritando fuera de sí y asustando al gato.

El día en que noté por primera vez que se había pasado de rosca es cuando llego a casa (yo todavía vivía en USA antes de venirme aquí de adolescente, escapando de una ya insoportable situación familiar) y me encuentro al pobre gato atado a una silla con una cuerda. Digo mamá por qué tienes al pobre Scott atado, qué ha hecho? Resulta que se había hartado de que le tuviera todos los sofás llenos de pelos y creyó que tenerle atado era una solución. Ahí ya me di cuenta de que mi madre se estaba volviendo loca. Cuando llegaba mi padre por la noche mi madre estaba etílica perdida y le montaba unos pollos de aquí te espero… “¿Dónde coño has estado?” “Hueles a perfume barato” “Eres un mamonazo, fuera de mi casa!” y así. Yo mientras tanto estaba en mi cuarto abrazado a mi osito de peluche sintiendo que el mundo se estaba desmoronando por momentos. Yo no hacía más que acordarme de aquella película que pasaron una vez por televisión de Faye Dunaway haciendo de Joan Crawford y de la escena aquella en la que le echaba la bronca a su hija por utilizar perchas de alambre. Soñaba con que mi madre llegaba por la noche con el cubatazo y los rulos y me agredía con las perchas al grito de “No wire hangers ever!!!!”.

Afortunadamente mi madre nunca me pegó y ahora está totalmente recuperada y divorciada de mi padre. Se volvió a casar y tiene un hijo que es mi hermanito. Ella siempre se preocupó por mí y fue una buena madre y ama de casa que no tuvo buena suerte con su primer matrimonio y pasó por una mala etapa de la que afortunadamente salió. Mi padre no se volvió a casar, se dio cuenta de que el matrimonio no era lo suyo y aunque pasamos una temporada él y yo sin hablarnos, al final le perdoné y ahora tenemos una relación normal. Yo ahora vivo en Madrid y aunque esto me gusta no descarto volver algún día a mi tierra natal.

Si algo he sacado en claro de todo esto es que, de manera subconsciente, le tengo manía a las perchas de alambre. Son como un símbolo maligno y no puedo ni verlas. Así que ya sabeis… No wire hangers!!! Ever!!!!

Hunter

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Written by hunterfox

junio 27, 2008 at 8:13 am

El Chivato de Cojones y Jon Hamm

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El domingo por la noche, tras despedir a Hunter y a Melissa Sue (y a su novio bakala, Sergio), Alexandra se fue a dormir a casa de Alejo, su novio engominado de camisa rosa. Yo me quedé sólo en casa. A mí cuando me dan esa libertad me vuelvo loco. Barajé dos posibles ideas: poner trampas por toda la casa para atrapar a los ladrones como Macauly Culkin o encerrar en el armario a Ricky Martin, bajarme los pantalones, untarme mermelada en la polla y ofrecérselo a mi perrito. Al final opté por ponerme el primer capítulo de Mad Men, que le tenía muchas ganas.

Mad Men es una serie muy aclamada por la crítica (me encanta usar esta frase) que habla sobre los cambios sociales en la América de los 60 usando al personaje y entorno de un publicista muy hijo de puta. En cuanto vi al protagonista, Jon Hamm, supe que la serie me iba a gustar aunque sólo tratase de ese señor mirando la pared. Más le vale al padre de Hunter homosexualizarse ya o lo cambio por Jon Hamm.

Me gustaría explicaros un poco más de la serie, pero no pude ni ver medio capítulo. De repente empezaron a sonar atronadoramente canciones dance los 90: Saturday Night, Pump up the jam, Scatman…¡todas! Pensé que Technotronic y Whigfield se habían mudado al barrio, pero tras meditarlo un poco caí en que, como no podía ser de otra manera, el estruendo vintage venía de casa de CheChé. CheChé y su amiga Crystal viven ancladas en los 90. Lo más natural sería que viviesen ancladas en los años del Charleston, que es cuando eran mocitas, pero como se quitan décadas de vida tiene su lógica. Las dos caraduras dicen que el mismo día que Brenda y Brandon Walsh llegaban a Beverly Hills ellas recién acababan el COU.

Como estaba enemistado con CheChé me aguanté las ganas de subir y aporrearle la puerta. Después de media hora de horror noventero no pude más y subí dispuesto a asesinarla. CheChé me abrió la puerta en mayas. El impacto de ver sus dos jamonorros embutidos en unas mayas de lycra brillante pudo más que la rabia y me quedé petrificado. Sin habla. Sorprendentemente, me invitó a pasar muy sonriente. Algo tramaba. Allí dentro estaba Crystal, sudando como una gorrina y vestida como Jennifer Beals en Flashdance, sólo que en su versión pesadilla. Me confesaron que habían quedado para jugar al Wii Fit, el juego de consola. Si eso es un juego que baje Dios y lo vea. De toda la vida los vídeojuegos van de darse de hostias, atropellar ancianas o de puercoespines dando brincos. A mí que no me digan que un juego donde tienes que hacer flexiones, abdominales, steps y demás es un juego. A eso, de toda la vida, se le llama ir al gimnasio. Period. Para hacer algo que puedo hacer en mi vida cotidiana no me compro un juego.

Pues resulta que las dos querían rebajar ese par de toneladas (ellas dijeron kilitos) que les sobraba. A los diez minutos de darle al step se estaban cagando en la madre que parió al señor Nintendo. Aparcaron la Wii en un rincón, sacaron el booze a granel, un CD recopilatorio de dance de los 90 y se pusieron a recordar sus ‘primeros’ bailes en las discotecas. Extrañamente hospitalarias me ofrecieron Bailey’s y lomo embuchado que un primo de Crystal había traído de un pueblo de Jaén. Toma mezcla. Dije que no, por supuesto, no fuese que estuviese envenenado. Y aquí fue cuando CheChé me dijo ‘¿Y bien?’. Crystal quitó la música de golpe y las dos se me quedaron mirando muy serias. Vi pasar toda mi vida en segundos. Hasta me pregunté qué harían con mi cuerpo una vez asesinado. Obviamente no podrían cargar conmigo y enterrarme, que estas dos acaban deslomadas. Seguro que me descuartizarían como hace Dexter y me tirarían al Manzanares. Luego me haría tan famoso como Rocío Wanninkhof o las niñas de Alcàsser. Harían una tv movie de mi vida. Tuve tiempo hasta de pedirle a Dios que mi papel lo interpretase Paul Rudd (tampoco pedía tanto) y no Tori Spelling. Tragué saliva y contesté a la pregunta de CheChé: ‘Vengo a pedirte disculpas por tratarte de loca en mi blog’. Entonces, se levantó, se dirigió al equipo de música, le dio al Play y empezó a sonar el Saturday Night. Me tendió su mano y me dijo muy circunspecta: ‘¿Sabes bailar el Saturday Night?’ – Y yo, muy serio: ‘No, no lo sé, sólo sé bailar el Macarena y un poco el Aserejé. – Y ella: ‘Tranquilo, yo te enseñó’

Y así, con los tres bailando el Saturday Night, CheChé y yo nos reconciliamos. Hasta que lea este post, claro.

Al bajar a casa, me llama mi madre, Mrs. Carradine, abochornada total. Resulta que mi padre, Mr. Carradine, fue pillado con las manos en la masa en uno de sus hurtos vecinales. Que mi padre es un ladronzuelo es algo que mi madre y yo ya sabíamos hacía tiempo. Desde que se jubiló sólo encuentra solaz en las telenovelas, los reality shows y el hurto. Los primeros indicios que tuvimos de su cleptomanía fue ésta Navidad pasada. Descaradamente mangó un Santa Claus que decoraba el jardín de unos vecinos de un par de calles más allá. Y con todo el chichi del mundo lo plantó en el nuestro. Y no sólo eso, llamó al vecino hurtado para que se pasase por casa a ver el Santa Claus que había comprado. Así es mi padre: No fear, jugándosela, adicto a la adrenalina. Luego se pasó al hurto flora y fauna. A la que puede arranca plantas o flores y las transplata en casa. El vecindario sólo respira en paz cuando están dando las telenovelas de la CBS y America’s Next Top Model, su, inexplicablemente, reality show favorito. El resto del tiempo hay un serial thief suelto en el barrio.

Tenía que pasar un día, y el sábado pasado, el perrito de nuestra vecina Mary Beth lo pilló in fraganti intentando arrancar su buzón de correo. La razón por la cual quería ese buzón aún se desconoce. Pillado, mi padre intentó silenciar a Cojones (sí, se llama así, Cojones) sutilmente: a patadones limpios. En cuanto vio a Mary Beth salir gritando como en el chiste de Mistetas: ‘Mi Cojones, mi Cojones’, mi padre salió por patas, pero no sirvió de nada. Al rato tenía a la patrulla vecinal en casa. Los vecinos sumaron dos más dos y dedujeron que mi padre era el serial thief que los había estado aterrorizando. Obviamente mi padre mintió y se hizo el ofendido. Por poco no les saca el rifle si mi madre no lo detiene. No tienen pruebas en contra de mi padre, pero a la próxima block party no lo invitan, eso seguro. Que se anden con ojo ese día, que me da a mí que les va a desaparecer toda la comida. Y el perrito Cojones que se vaya despidiendo de su amos, que mi padre dice que se va a comprar el gato más desquiciado como mano ejecutora en su venganza en contra del chivato de Cojones.

Y me acosté tempranísimo, que al día siguiente tenía que coger un vuelo para ir a Barcelona por cosas de trabajo. Poco sabía yo que aquella noche de lunes iba a vivir lo mismito que Tom Cruise en ‘Eyes Wide Shut’.

xoxo

Blake

Written by blakecarradine

junio 26, 2008 at 9:38 am

Primeros días de verano y una moderna

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Desde que he terminado los exámenes no he parado. No sé muy bien qué le entra a uno con estos calores y el tiempo libre que parece que nunca se te terminan las ganas de hacer cosas. Con lo hipotónico y alicaído que andaba yo en en época de exámenes y parece que ya me he curado.

Pues resulta que quedé ayer tarde con unos amigos que hacía mucho tiempo que no veía y como hacía tanto calor no sabíamos donde demonios meternos y decidimos hacer lo más socorrido: meternos en la Fnac. Ya sabéis como es la Fnac. No se te ocurra ir jamás sin arreglar o con los pelos de recién levantado y una camiseta cutre porque no falla: te encuentras a todo el mundo. La primera persona a la que me encontré fue a un profe del instituto que entendía como una perra y que estaba comprando libros y yo, como ya le había visto primero, decidí hacerme el encontradizo chocándome como quien no quiere la cosa con él. Fue bastante violento porque parecía que se alegraba de verme. Él siempre me había parecido atractivo pero los años no perdonan, no aguantaba un primer plano y en vez de ligar con él que era lo que pretendía, le dediqué un escueto “hola, qué tal que haces tú por aqui?” (que pregunta más estúpida, pues qué va a hacer, comprar en la Fnac como todo el mundo, y a lo mejor luego se subiría a los baños a hacer cruising). Me dijo nada, comprando unos libros y yo “ah” “bueno pues nada me alegro de verte hasta otra”.

Me fui corriendo con Marta a encontrarnos con los otros que estaban en la parte de abajo viendo los discos de Kylie y Madonna (siempre los ven, aunque ya los tengan, es como parada obligada verlos nuevos, amontonaditos, ver si han bajado de precio o no, y además que seguro que ligas porque ahí las tienes a todas siempre revoloteando.)

Lo siguiente que me encontré fue a un antiguo ligue (me hice la sueca tapándome con un vinilo de Kylie que me vino muy “handy”) y continué mi periplo. Resulta que en la Fnac estaba ni más ni menos el buenorrísimo de Eduardo Aldán (el de Espinete no Existe) y me puse a hacer palmitas como una colegiala. Me dice Iñaki ¿pero quieres dejar de mirarle de esa manera? Se conoce que me había quedado mirándole los musculitos bronceados y los ojazos azules como si no existiera otra cosa en el mundo. Me pareció guapísimo y entonces me quedé ahí un rato alrededor suyo haciendo como que miraba discos pero él no mostró el menor signo de ser consciente de mi presencia. ¿Quién se había creído? ¡Despreciarme a mí! Eso significa que desgraciadamente no entiende, siempre es así, cuando a alguien lo miras y no notas reacción ya sabes lo que toca. Muy metrosexual, muy moderna, pero heterosexual.

Nos fuimos de allí sin comprar nada excepto unos cd’s vírgenes (qué triste) y nos dirigíamos al Urban Café cuando me llama Alex ¿Qué haces? le digo voy con estos al Urban a chupar aire acondicionado y me dice Alex espérate que vamos Blake y yo para allá.

El caso es que en nuestro camino hacia el Urban resulta que veo acercarse a lo lejos a un ser repugnante: La China Patino. Iba hecha una mamarracha de concurso, con un corte de pelo totally ‘uncanny’, la cara pintada con polvos de arroz, los ojos como creyéndose la doble de Björk y una ropa que daban ganas de tirarla entera a ella al cubo de la basura. Además iba con unos mitones negros con el calor que hace y una falda asimétrica con mallas de rejilla hechas jirones. Se creía que iba total y super moderna.

No pude evitarlo y cuando paso por delante me puse super agresivo y  grité “Mira una moderna!! De mierda!!, mamarracha, petarda!!!” o algo así. Se giró pero como había tanta gente no logró localizar quién era la pedorra que andaba dando voces. El caso es que se dio por aludida. Mis amigos estaban que no sabían dónde meterse pero yo me quedé más a gusto que un arbusto. La odio. Es un infraser que se cree superior al resto de la humanidad por hablar como si fuera retrasada mental y presentar una basura de programa en una cadena pública y ser la más moderna de todas las pueblerinas que hay en este país que se vienen a Madrid cegadas por las luces de la escena alternativa y que invariablemente acaban creyéndose que tienen talento.

Un día iremos al Café la Palma y haremos un acto de terrorismo contra todas las modernas inmundas como si fuesemos una banda de eskinetas.

Hunter

Written by hunterfox

junio 25, 2008 at 6:20 pm

El bakala y la americana

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El domingo por la mañana, para quitarnos el disgusto de encima (recordad que casi morimos sepultados por las Barbies de mi amigo Kristoff), Alexandra y yo decidimos tomar las calles de Madrid. Queríamos ponernos morenos, que ya estábamos tardando. Alexandra (que debe tener algún gen africano suelto por ahí) se pone morena en milésimas de segundo, pero yo (que debo tener genes albinos) necesito horas y horas de sol y, aún y así, el bronceado me desaparece en un plis.

Llamamos a Hunter, pero me dijo que estaba con Melissa Sue, su prima, en La Latina. Pero que se apuntaba si hacíamos algo esa misma tarde. También llamé a Kristoff para hacerle un poco la pelota, que la noche anterior lo habíamos dejado un poco molesto con nosotros, por vándalos. Obviamente saltó el contestador.

En el mundo de Kristoff, el día siempre empieza a las dos de la tarde y acaba a las seis de la mañana. Indistintamente de si es lunes, sábado o fiestas de guardar. Vamos, como si fuese de la pandilla de Paris Hilton. El desayuno para él no existe. Cuando salta de la cama, tiene la comida en la mesa y sobre las dos o tres de la madrugada se prepara una especie de re-cena para continuar la tralla el resto de la noche. Ésta comida suele desafiar toda lógica y sentido común. Un día tuvieron que llevarlo a urgencias porque decidió combinar una lata de mejillones con turrón Antiu Xixona. A lo mejor Ferran Adrià te los junta y te cobra el plato a 6.000 euros, pero a Kristoff casi lo mata.

Alex y yo nos plantamos en la Plaza Dos de Mayo, una de nuestras favoritas. Nos sentamos y nos dedicamos a observar la fauna allí congregada, que suele ser muy curiosa: los vendedores del piojoso mercadillo allí montado, las veinteañeras con vestiditos ligeritos leyendo sus libros recomendados en el EP[3], los abuelos orientales haciendo yoga,… Nada más llegar vaciamos el bolso de Alexandra, que guardaba nuestros protectores solares y nuestras Ray Ban Wayfarer, que están a un mes de pasar de moda. Sólo esperamos que no sean sustituidas nuevamente por las gafas de marica de Ibiza o las de soldadora lesbiana que hicieron populares la Pantoja y Rocío Jurado.

Mientras cogíamos nuestro primer melanoma del 2008, Alexandra me contó la llamada de su madre esa misma mañana. Le dijo: “Hija, he llegado sana y salva a New York”. Desde el 9/11, Erica tiene miedo a volar, pero sólo la ruta Cualquierpartedelmundo-New York. Cada vez que el piloto anuncia que están próximos a New York ella empieza a ver terroristas islámicos por todas partes levantándose y tomando los mandos del avión. Ella ya puede volar a Bagdag que va la mar de tranquila, pero es acercarse a New York y es entrar en pánico. Como se conoce, nada más despegar se toma un Trankimazin y se pasa las 8 horas del vuelo inerte. Ya puede aparecer un terrorista de verdad que ella sigue roncando como una cerda. También le contó que Arkadiy, su novio ruso, había llegado pedo al JFK. Se ve que le había pillado gusto al tintorro y no paraba de pedir botellines de vino. Hasta las simpáticas aeromozas de American Airlines reprobaban con su mirada la actitud de Arkadiy. Imaginaos el numerazo cuando estos dos se bajaron del avión, una zombie y el otro borracho dando tumbos.

Alexandra estaba hambrienta y deshidratada, así que como el caballero que soy, me fui a unos chinos a comprar cualquier basura. Al llegar me encontré a la china dependienta fuera de sí y a un señora fuera de sí, de no y de todo. Mientras le pillaba una Coke Light a Alexandra y unos Cheetos amarillos, puse la oreja y parece que la china intentó venderle a la buena mujer un bacon que según la señora: “Era de gato lituano”. Cuando escuché esto no pude evitar soltar una carcajada. A veces no soy consciente y pienso que la vida es una sit-com, así que para mí no es nada malo proveer de risas enlatadas la escena. No lo entendieron así la china y la española y ésta última me espetó un “¿Qué te hace gracia?”. Sincero, le dije que lo del gato lituano. Me miró unos segundos, se giró y le siguió montando la de aquí te espero a la china. Lo mejor del caso es que había otro chino que pasaba de los gritos y sólo miraba embobado una extraña telenovela china… subtitulada en chino.

Al llegar a la plaza, un descamisado con un perrito muy simpático estaba dándode el coñazo a Alexandra que, muy educada, le seguía la corriente. Yo llegué y Alexandra soltó: “Ah, aquí está mi novio”. El descamisado se desinfló y se fue con su perrito a otra parte. Poco duramos en la plaza porque estábamos al borde de la insolación, así que volvimos a casa arrastrándonos, que a mí el calor me baja la tensión.

Por la tarde recibimos la visita de Hunter, que venía con su prima Melissa Sue y el novio bakala de Melissa Sue, Sergio.

Melissa Sue sólo hace un año que vive en Madrid. Es la típica americana que llega a España y se vuelve loca del coño. Melissa vino a España para conocerla unos mesecitos mientras estudiaba no sé qué y decidió quedarse a vivir. Desde ese momento ella no conoce el sueño. Sale de lunes a domingo. Y al día siguiente sigue teniendo la misma cara de rosa fresca con gotas de rocío que tenía por la mañana. Se emborracha, folla y vuelve en taxi a casa cada noche (Melissa nunca coge el suburbano ni los autobuses, sólo taxis). En una de estas conoció al tal Sergio, un bakalita de Parla muy saladín. No pegan ni con cola. Entre el español ortopédico que habla ella y el bakalense que habla él, ahí no hay nadie que los entienda, pero parece que se quieren a juzgar por las explícitas muestras de cariño que se profesan.

Melissa y Sergio nos contaron que estuvieron comiendo en La Latina, en un restaurante llamado ‘La Musa’. Se ve que hay una camarera argentina supermisógina que maltrata a las mujeres. Dicen que es tan obvio, que si en una mesa hay mujeres y hombres, a las mujeres ni las mira y les habla muy seca, pero que si hay un hombre se derrite y hasta se te sienta contigo en la silla (¿?). A un par de alemanas que había allí sentadas les dejó las cervezas en la mesa con tan mala leche que hasta les salpicó y todo.

Hunter se horrorizó porque me había puesto como una gamba. Decía que sólo me faltaban las sandalias con calcetines. Le dije que a ver de qué otra manera me iba yo a poner moreno. No sé para qué le dije yo nada. Sacó de su bolsa el autobronceador de Clarins que él usa. Es una maravilla, viéndolo a él. Inocente de mí yo pensaba que estaba así de moreno de los UVA, pero se ve que se aplicó el Clarins por la noche y ahora estaba que ni Ricardo Montalbán. También nos dijo que si queríamos podíamos ir al California Tan, un lugar donde él va, te encierran en un zulo mientras unas mangueras terroríficas te rocían con productos químicos. A mí eso me suena a baño de desinfección de cárcel turca, así que le dije que pasaba, que seguiría probando con el método tradicional.

Pusimos una película de la que Hunter es fan. Se llama ‘Eating Out 2’. No habíamos visto la primera, pero no hacía falta. Realmente tampoco hacía falta ver la segunda si no fuese por la presencia de un tal Marco Dapper, un modelo/actor (más modelo que actor, para qué nos vamos a engañar) que estaba que daba apuro mirarlo y todo. Intentamos sacarle defectos, pero no se podía. Sólo vimos que tenía los huevos demasiado colgones (y esto para según quién no será un defecto) y carillas en los dientes, pero no en plan Khandi Alexander, sino en bien.

Y el día acabó con la reconciliación más esperada del milenio: la mía con CheChé. Pero esto, mañana.

xoxo

Blake

Written by blakecarradine

junio 24, 2008 at 3:31 pm

Viven

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Siempre he pensado que los coleccionistas son gente triste con un verdadero problema mental. En mi opinión la profesión psiquiátrica debería ponerse en marcha ya y buscar un medicamento para remediarlo. ¿Qué sentido tiene, por ejemplo, coleccionar muñecos Pez? ¿Qué cojones haces con ellos? Digo yo que para sacar provecho a tu obsesión tendrás que tocarlos y jugar con ellos cada noche antes de dormir, ¿no? Coges el muñeco Pez de, pongamos, Betty Boo, lo miras y te repites a ti mismo: “Tengo el muñeco Pez de Betty Boo”. Y entonces te vas a dormir tranquilo. La cuestión es que después de tanto años de despotricar contra los coleccionistas, el Hado Coleccionista decidió vengarse de mí y casi fenezco.

El sábado por la mañana me levanté bien temprano por culpa de la escandalera matutina que estaban montando la señora Tránsito (verídico) y su hija Filo, mis vecinas de al lado. Para que os hagáis una idea, si hiciesen una película de mi vecindario, los papeles de la señora Tránsito y la Filo los harían Chus Lampreave y Rossy de Palma. Las dos viven una tormentosa relación desde que a la señora Tránsito la atropelló un coche, se quedó paralítica y su hija Filo se vio obligada a cuidar de ella. Pensaréis que este suceso truncó la juventud y felicidad de Filo, una alegre mocita llena de vida e inquietudes que pasó a ser un personaje de La Casa de Bernarda Alba.

Nada más lejos de la realidad, la Filo es una frescales de aquí te espero. La tía tiene más vida sexual que todas las putas de Montera juntas. Es la Blanche Deveraux del barrio. Le ha puesto una peruana a su madre y cuando la peruana en cuestión llega, se coge el bolso, se pinta los labios color rojo vino y sale a la calle en busca de jarana. Normal que cuando llega a casa oliendo al Varon Dandy de sus conquistas y con las bragas en la mano su madre se la monte parda porque ella se ha pasado la noche aguantando a la peruana tocando ‘El Condor pasa’ con la harmónica.

Por si no hubiese tenido suficiente dinámica materno-filial aquella mañana, entran por la puerta Alex y su madre, Erica. El viernes noche la llamó y le dijo a Alex que estaba en la ciudad para el entierro de una amiga suya que había muerto resbalándose por las escaleras de su casa. Estuve a punto de preguntarle qué marca de cera de suelos usaba su amiga que te lo deja tan lustroso, pero no me pareció lo más oportuno.

Erica no me traga mucho, pero aprendió a hacerse la falsa cuando era reina de belleza en su juventud. Así que me miró como si yo fuese un juez de Miss USA y me dijo que estaba más fornido que la última vez que me vio. Me preguntó que si me entrenaba y yo le dije que sí, pero con el bocadillo de jamón serrano. La dejé tiesa allí mismo porque se pensaba que me iba a hacer un ovillo en un rincón al insinuarme que estaba más gordito.

Dejamos a Erica en casa y Alex y yo fuimos a hacer la compra al Cárrefour (sí, en esdrújula, que es como hay que pronunciar todos los supermercados, hipermercados y grandes superficies que se presten a ello). Alex no podía más con su madre. La había obligado a ir con ella al entierro de la resbalada y encima pretendía que fuesen juntas este verano a Mexico para reencontrarse como madre e hija. Alex aún no sabe qué hacer, pero yo le dije que tenía que aceptar, que la vida es muy corta y nunca sabes qué escalera encerada vas a pisar.

Por la tarde, después de ir a comprar cosméticos con Hunter, los tres nos dividimos y quedamos en encontrarnos más tarde para ir a la fiesta en casa de mi amigo Kristoff. Alexandra se fue a acompañar a su madre al aeropuerto, Hunter se fue con su novio Marco a casa de su padre a tratar unos dramas que tienen en el gimnasio que los tres llevan juntos, y yo me fui a ver si podía dormir un rato antes de la fiesta.

Acicalados y con el chichi lavado, Alexandra y yo esperamos la llegada de Hunter, que nos iba a llevar en su coche de The Fast and The Furious a casa de Kristoff, que vive en Majadahonda. Cual fue mi sorpresa cuando veo que llega con él Christopher, su padre. Cada vez que veo a Christopher me convierto en una niñita tonta de trenzas y piruleta en la boca. No me atrevo ni a mirarlo a los ojos. Christopher fue campeón de culturismo en su juventud y el que tuvo retuvo. Y vaya si retiene. Hunter ya lo sabe así que no es un secreto, pero es que estoy enamorado de su padre desde que venía a recoger a Hunter al colegio. Por suerte él no lo sabe (o a lo mejor ahora ya sí) y me trata con toda normalidad. Si él supiese los pensamientos que me pasan por la cabeza cada vez que lo tengo delante no me trataría con tanta naturalidad.

Dejamos a Christopher en la calle Desengaño, que iba a cenar al ‘Public’ con unos representantes de cosas de culturistas y nos fuimos hacia Majadahonda. Llegamos a casa de Kristoff y aquello estaba ya tomado por sus múltiples pandillas de amigos. Normalmente la gente tiene una pandilla de amigos, pero Kristoff tiene como tres o cuatro y cada una compuesta de treinta componentes. El truco es no discriminar, así que en sus fiestas te puedes encontrar a tres esquizofrénicos compartiendo sofá con un ex-seminarista del OPUS y dos chonis lesbianas cajeras del Lidl.

Últimamente Kristoff tiene un peligro nuevo a añadir a su lista de peligros (que ya relataré otro día). Y es que desde hace un año o así dedica todos sus esfuerzos a aumentar su colección de Barbies de coleccionista. Esto se traduce en que te puede estar horas y horas taladrando con las Barbies que tiene, las que ha encargado por e-Bay, las que ya están volando hacia aquí y las que quiere. Ahora ha hecho un vídeo que ha colgado en Youtube enseñando toda su colección de Barbies… una por una.

Alexandra también es un fan loca de las Barbies de colección, así que se entendió muy bien con Kristoff. Se pasaron la noche viendo las Barbies que Kris tiene expuestas en una sala especial en su casa. Después de salir de esa habitación, empecé a darme cuenta de que Alexandra estaba muy rara. Como ida. Con la cabeza en otra parte. Le pregunté qué le pasaba y me dijo que se le había cruzado un pensamiento muy nefasto (incluso nefastísimo) por la cabeza. Como los pensamientos nefastísimos hay que o bien realizarlos o bien exorcizarlos mediante la palabra le dije que me lo contase, que no iba a juzgarla. Me llevó a un aparte y me dijo que había estado tentada a robar una de las Barbies de Kristoff. Una Barbie de colección que representaba a Elizabeth Taylor en la película ‘Cleopatra’. La había visto y había sentido la necesidad de poseerla, que la cara estaba muy lograda y parecía la mismísima Taylor en tamaño compacto. Le quité la idea de la cabeza, que nosotros sólo robamos a los enemigos. Además, que seguro que Kristoff tiene todo un entramado montado para detectar cualquier movimiento en la sala de las Barbies. Se le pasó el arranque hurtador, pero me pidió que la acompañase a ver la Barbie Cleopatra otra vez, para despedirse de ella. Aunque le tengo alergia a esa maldita habitación accedí, que vi que tenía que vigilarla, que esta se nos metía la muñeca en el bolso Fendi y se fugaba a Paraguay.

Despistamos a Kristoff y nos metimos en la habitación. Allí estaban todas colocadas en estanterías y dentro de sus cajas, que se ve que así tienen más valor. Alex necesitaba coger la Barbie de sus deseos y sacarla de su caja (para tocarle el vestido decía ella en uno de sus delirios). Le dije que no, que era muy peligroso, pero me miró con cara de psicótica y supe que debía dejarla. Se subió a una banqueta para acceder a la Barbie Cleopatra cuando resbaló, se apoyó en la estantería para no caerse, con tan mala pata que la estantería se vino abajo y un alud de Barbies nos cayeron encima, sepultándonos vivos. Pensé que moríamos allí mismo entre Barbies Cleopatras, Barbies Scarlett O’Hara y Barbies CatWoman. Me vi como en la película ‘Viven’, sobreviviendo comiéndome las patas de plástico de la Barbie Donatella Versace. Obviamente tal estruendo captó la atención de Kristoff y sus invitados, que nos descubrieron con las manos en la masa.

Pero las consecuencias del cataclismo las dejamos para otro momento.

xoxo

Blake

Written by alexblakehunter

junio 23, 2008 at 12:06 am

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Body Bell

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El sábado por la tarde, Blake y yo pasamos a buscar a Hunter a su casa para acompañarle a comprar cosméticos, porque Huntie ya ha acabado los exámenes y nos había pedido que por favor lo acompañásemos a celebrarlo al “Body Bell” con un shopping spree. Y allá que nos fuimos los tres moviendo el esqueleto Bravo Murillo para abajo (para arriba no nos gusta mucho por los cambios culturales que se experimentan más allá de la glorieta de Cuatro Caminos, o Four Ways como la hemos bautizado nosotros). La verdad que pocas veces hemos traspasado la frontera del McDonalds de Four Ways, el motivo no lo diré en este blog por ser “políticamente correcta” (aunque odio esa expresión). Sólo os diré que para irme de safari prefiero irme a Tanzania, como ya hice hace años con mi madre.

Bueno, el caso es que Huntie nos llevó al Body Bell y allí el pobre nada más entrar se nos volvió medio loco. Gritó “quiero gastar mi sueldo de este mes en cosmética”. Y claro, las dependientas del lugar (que yo siempre me imagino que se llaman “Charo”, “Conchita” o cosas por el estilo) nos rodearon como caimanes hambrientos. Además de por la comisión de una venta bien gorda, por los ojos azul turquesa de Huntie, que pestañeó un par de veces y ya tenía a la encargada encima con el manido “¿en qué puedo ayudarte, cielo?”. Odio a la gente que te llama “cielo”, “cariño” o “reina” (como mi jefa, de la que hablaré en otro momento), pero Hunter parecía estar encantado.

Después de dos horas en las que Blake y yo nos dedicamos a activar el Bluetooth a ver si nos reíamos de alguien, Hunter se compró:

– Las cremas Aqualia Thermal de vichy y la Thermal Fix, que le encantan y no son nada caras.

– Un bote de agua termal, que ya llega el veranito y hay que combatir los calores y las irritaciones del sol.

– Un gel limpiador desincrustante de Loreal para probarlo que estaba bien de precio.

– El body milk Lipidose de Vichy porque está harto del Nutrilift de Loreal que según Huntie deja “un olor super sintético al cabo de unas horas, como el olor que deja el blandiblub en la piel”.

– Y al final la Conchita se portó bien, porque además le regaló un cacao de Caudalie que es una marca buenísima que basa sus productos en un concentrado de uva cabernet sauvignon.

Idolo!

Yo de mayor quiero ser como Hunter…

A Blake y a mí nos dieron unas muestras de crema barata de esa de Babaria Rosa Mosqueta, como para quitarnos de enmedio, como cuando a los niños que no han molestado les dan un caramelo. Y queríamos una muestra de perfume. ¡Serán putas las dependientas de perfumería que o no te dan nada o te dan muestras de mieda!. Basura. Si lo llego a saber mango algún botecito de algo.

Lo que pasó después y el accidente con las Barbies no seré yo quien os lo cuente, mejor se lo dejo a Blake, que para ser mi primera entrada en el blog ya me he agotado de tanto teclear y creo que se me ha roto una uña. Voy a llamar a Hunter para que me aconseje sobre el Nails Bar, que me ha dicho que te hacen una manicura de cine, ya os contaré…

Hasta pronto!

Alex

Written by alexandraspectra

junio 22, 2008 at 11:56 am

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Primeras reacciones al blog

with one comment

Este blog sólo tiene un día de vida y ya empieza a crear problemas. Somos la Aída Nizar de los blogs. Love it!

Si hay algo que debéis saber de Hunter es que es un bocazas (sorry, man). No hay secreto que sobreviva cuando cae en sus manos. Hunter se mete a director de la CIA y al día siguiente nos monta la Tercera Guerra Mundial. La cuestión es que está excitadísimo con la idea del blog. Se ha pasado toda la noche del sábado diciendo que no va a parar hasta que nos hagamos famosos y nos publiquen un libro con nuestras entradas como hacen con otros blogs. Que quiere firmar libros en la Feria del Libro, que si Aída Nizar puede, él también. Y qué mejor manera de conseguirlo que empezar a publicitarlo de manera extrema.

A la vuelta de la fiesta en casa de mi amigo Kristoff, Hunter se dedicó a llamar a todos los telefonillos de nuestra calle gritando el nombre del blog. Estaba tan Sue Ellen perdido que al final se olvidó del blog y sólo decía ‘Avon llama a su telefonillo’. Yo creía que nos iban a salir todas las putas brasileñas que viven en nuestra calle a tirarnos cubos de salfumán por la ventana. Suerte que todas estarían haciendo el descorche en el Budha Bar.

Y eso no ha sido lo peor. Como no podía ser de otra manera, la noticia ha llegado a oídos de nuestra vecina CheChé. Ha leído el blog y ha estallado la hecatombe. Parece que no le ha hecho mucha gracia que yo diga que se inventa las cosas. Alex me dijo que no quiere ni verme, que está muy dolida por reírme de ella. Que hasta va a montar turnos para no encontrarme en el ascensor, que como me vea me la lía y salimos en ‘Callejeros’. Melodramática a tope. Creo que a partir de ahora cada vez que entre en el portal voy a tener que ponerme bolsas de basura por si me tira agua o excrementos, como las vecinas locas de Valencia. Pero antes de declararme la guerra, CheChé me contó cómo su amiga Crystal había dado con sus huesos en el hospital el viernes por la noche.

Salía Crystal de la tienda de Amaya Arzuaga donde trabaja en dirección a su coche. Dentro del coche se descalzó y habilitó el asiento para estirarse un rato, que tenía la espalda hecha polvo de tanto servir a señoronas pijas. Cual fue su sorpresa cuando al cabo de un rato empezaron a aparecer fornidos hombres vestidos de traje dando golpes en el coche y obligándola a salir. Crystal parece que se vió en aquel momento siendo víctima de una gang bang en medio de Goya. Los misteriosos hombres de traje le pidieron su documentación, a lo cual ella accedió asustadísima. Tomaron sus datos, los introdujeron en un misterioso micro ordenador, hicieron las pertinentes comprobaciones y la dejaron tranquila. Crystal exigió saber a qué venía todo aquello y al final los hombres no tuvieron más remedio que decírselo: el mismísimo Rey de España andaba cenando por allí cerca y cuando la vieron medio escondida en su coche se pensaron que era una reycida dispuesta a acabar con la Corona Española. Presa del disgusto se metió en una cafetería a tomarse una tila, a ver si se le pasaba. Parece que la tila no fue lo suficientemente fuerte porque al cabo de media hora empezó a hiperventilar. En la cafetería se quedaron de pasta de boniato cuando vieron a una señora medio ahogada diciendo que ella no iba a matar al Rey. Llamaron a una ambulancia y la llevaron al hospital donde ella solita, tan acostumbrada que está, se autodiagnosticó un crisis de ansiedad. Y si la dejan hasta se escribe ella misma las recetas.

Los que también casi acabamos en el hospital fuimos Alex y yo el sábado por la noche cuando casi nos sepulta una colección entera de Barbies, pero dejaremos esa historia para otro rato.

xoxo

Blake

Written by alexblakehunter

junio 22, 2008 at 10:18 am

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