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Kristoff en el cruising (y la Filo on fire)

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Sabemos que venís a este blog buscando homosexualismo y lesbiandad, poligonerío, cuarentonas psicóticas, violencia, delito, incesto,… y os lo vamos a dar. Como ya dije ayer, somos lo más parecido al ‘Esta noche cruzamos el Mississippi’ que podéis encontrar actualmente.

Ayer por la tarde Kristoff se pasó por Madrid y me llamó. Cuando salí del trabajo fui directo al Vips de Fuencarral, que es donde Kristoff me estaba esperando.

Como ya sabéis, la vida de Kristoff está dedica única y exclusivamente a su colección de Barbies. Es raro que Kristoff salga de su retiro en Majadahonda y menos para venir a una ciudad llena de peligros. Pero la ocasión lo valía. Había contactado con un coleccionista de Barbies tan loco como él que le había vendido la codiciada Madame DuBarbie (verídico), el nombre de una Barbie inspirada en la Francia de la época de María Antonieta. Venía contentísimo con ella y eso que había desembolsado nada más y nada menos que 200 eurales. Me extrañó que un coleccionista de Barbies se hubiese deshecho de la DuBarbie, pero el pobre necesitaba el dinero para la operación de la vista de su anciana madre. Me dijo Kristoff que le regateó y todo, que una cosa era la vista de una señora con un pie en la tumba y otra bien distinta una Barbie, que perduran casi eternamente. Así se comporta el coleccionista de Barbies, como un buitre. Intenté sacar la DuBarbie (que era pertardísima y rococó) de la caja pero, obviamente, Kristoff se puso nervioso y escondió la muñeca debajo de la mesa. Y para que me olvidase de la Barbie, sacó una de sus historias ‘en el cruising’, que sabe que me dejan clavado en el asiento.

Kristoff le tiene mucha afición a ir ‘al cruising’. Obviamente al cruising no se va, el cruising se hace, pero da igual, él te cuenta ‘Hoy he ido al cruising y se la he chupado a tres tíos, se la he metido a cinco y luego me he corrido en mi casa’.
Su zona de cruising favorita es una que está cerca de su casa, en una especie de bosquejo. Es como su segunda casa. Hasta le ha puesto nombre a las diferentes zonas del bosque. Por ejemplo, tenemos ‘el sembrado de los Kleenex’. Esta es una zona a evitar. Luego están ‘los bosques interiores’, que remiten a fantasías artúricas, pero sólo son cuatro árboles de mierda un poco más separados del resto, donde no hay tanto tránsito. Porque tránsito hay. Una vez estaba fela que te felarás cuando pasaron dos señoras y una niña recogiendo espárragos. A ver como explicaban luego las dos señoras a la niña que ese no era el tipo de espárragos que estaban buscando.

Él coge a su perra, Darkness (para que veáis lo torturado que está) y se la lleva con él al cruising. Es la perra que más pollas humanas ha visto en la historia de la Humanidad. Hasta los habituales de la zona lo conocen como ‘El Chico del Perro Negro’. Algunos son tan habituales que hasta montan tertulias entre folleteo y folleteo, se preguntan por las mujeres o critican a los otros habituales. Un mundo fascinante.

Su última historia fue este domingo pasado. Como siempre, cogió a Darkness y se la llevó a dar un paseo. Sabe que la hora ideal un domingo es después de comer. Los padres de familia se despiden de la señora y los niños y se van ‘a por tabaco’. El domingo por la tarde es el especial ‘Padres que juegan a fútbol sala los domingos por la mañana’. Se cruzó con uno de estos señores y empezaron el toqueteo. De repente, el señor le dice tímidamente: ‘Por favor, ¿podrías mearme?’. Como a Kristoff nada le sorprende ya, le dijo ‘Bueno, sí, pero espera que se me baje un poco la erección que, como todo hombre sabe, cuesta lo suyo mear erecto y cuando lo haces te sale el pipí en doble dirección’. Al cabo del rato, el buen hombre le dice: ‘¿Por favor, podrías ponerme la correa de tu perro?’. Y Kristoff, por supuesto, cómo no. Así llevaban un rato cuando el hombre, que por perdir que no quede, pensaría, le dijo ‘Oye, ¿podrías meterme un dedín por el culo? Tú tranquilo, que si lo sacas lleno de excrecencias yo luego lo chupo y listos’. Aquí a Kristoff se le removió un poco el estómago, pero lo hizo, que cuando empieza algo le gusta acabarlo. Kristoff acabó la tarde con el dedo muy limpio.

Ante esta historia se me abrían varios interrogantes. El peor de todos era qué iba a hacer este hombre ahora que iba meado y con la boca sucia. Pon que en el camino de vuelta a casa se encuentra con la mujer y los niños, que se le tiran encima buscando el besito de papá. No, hay que pensar las cosas antes de hacerlas, que en abstracto puede sonar muy bien la escatología (a quien le suene) pero en la práctica tiene una serie de inconvenientes y más si te da por practicarla al aire libre, sin un bañito cerca.

Dejé a Kristoff y me fui a casa a ver si me recuperaba de las imágenes mentales que me habían provocado su bizarra historia. Menos mal que ya venía sobresaltado, porque nada más llegar a mi portal me veo congregada a la policía allí junto con el típico coro de curiosos necesario en todo drama callejero. En un primer momento pensé que CheChé se había despeñado por el balcón en un movimiento mal controlado de la Wii Fit, pero cuando vi lo allí sucedido no me lo podía creer.

Mi vecina la Filo, ya sabéis, la hija de la señora Tránsito, putón verbenero una y paralítica la otra, estaba revolcándose (r-e-v-o-l-c-á-n-d-o-s-e) en la calle mientras su madre gritaba ‘¡Qué la encierren! ¡Por puta! ¡Por zorrón! ¡A ver si así le comen el chichi las bolleras y le dan su justo castigo por libertina!’ Cuando la Filo decidió dejar de revolcarse se tiró a la carretera y a punto estuvo casi de ser atropellada si no llega a ser por un agente de la ley. Aquí es cuando a la Tránsito le dio como un vahído y no se cayó desplomada, que estaba sentada, pero sí que se quedó con cara de lela. Al final se llevaron a la madre y a la hija al hospital, pero sigo sin saber qué ocasionó el brote psicótico a la Filo. Cuando me entere os lo digo.

xoxo

Blake

Written by blakecarradine

julio 3, 2008 at 8:28 pm